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Comunidad Shalom Ubrajot (C.S.U)

PARASHÁT HASHAVUA

Porción Semanal de la Torá

פרשת השבוע

Boletín Informativo

#151

5786 [2025-2026]

Yeshua dijo: "No piensen que he venido para anular la Torá o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir"

Lecturas de la Parashá

Torá: Devarim 7:12 - 11:25
Haftará: Yeshayahu (Isaías) 49:14 - 51:3
Brit HaDashá: Revelaciones 5:1 - 7:8

Boletín Informativo

#151

5786 [2025-2026]

PARASHÁT HASHAVUA

Porción Semanal de la Torá

פרשת השבוע

Yeshua dijo: "No piensen que he venido para anular la Torá o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir"

Lecturas de la Parashá

Torá: Devarim 7:12 - 11:25
Haftará: Yeshayahu (Isaías) 49:14 - 51:3
Brit HaDashá: Revelaciones 5:1 - 7:8

EKEV

Esta Parashá contiene ocho Mitzvot (428 – 435) – 6 positivos, 2 negativos. La parashá nos presenta las últimas exhortaciones de Moshé al pueblo de Israel antes de entrar en la Tierra Prometida. Después de cuarenta años en el desierto, les recuerda que la permanencia en la tierra dependerá de su fidelidad al pacto. Si obedecen al Eterno, recibirán bendición, protección y abundancia; pero si olvidan a Aquel que los sacó de Egipto y los sostuvo en el desierto, pondrán en riesgo esa bendición.

La palabra Ekev significa literalmente “talón”, aunque también puede traducirse como “porque”, “como consecuencia de” o “a causa de”. Los sabios señalan que la Torá pudo haber empleado otra expresión para decir “si obedecen”, pero escogió precisamente ekev para transmitir una enseñanza más profunda.

Rashi explica que ekev hace referencia a aquellos mandamientos que las personas suelen “pisar con el talón”, es decir, los que consideran pequeños o poco importantes. Sin embargo, delante del Eterno no existen mandamientos insignificantes. La fidelidad en lo pequeño revela el verdadero estado del corazón.

El talón, además, representa la parte más baja del cuerpo, aquella que está en contacto permanente con el polvo, símbolo de este mundo material. Desde la perspectiva hebrea, la Torá nos enseña que incluso nuestro “talón” debe ser santo. La presencia del Eterno no debe limitarse a los momentos de oración o estudio, sino manifestarse en el trabajo, la familia, los negocios, las conversaciones y las decisiones cotidianas.

Bendiciones de la Obediencia: Uno de los grandes mensajes de esta parashá es que la bendición nunca es producto del azar, sino consecuencia de caminar en el pacto. La Tierra Prometida no era un premio por los méritos de Israel, sino un regalo del Eterno que debía conservarse mediante una vida de obediencia y gratitud.

No digas en tu corazón: Por eso Moshé advierte sobre uno de los mayores peligros espirituales: la prosperidad. Cuando el pueblo disfrutara de casas, viñas y abundancia, podría llegar a pensar que todo era fruto de su propio esfuerzo. Entonces declara: “No digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza… Acuérdate del Eterno tu Dios, porque Él es quien te da el poder para hacer las riquezas” (Devarim 8:17-18). Desde la óptica hebrea, el problema nunca ha sido la riqueza, sino olvidar al Dador mientras se disfruta del regalo. La memoria (zajor) ocupa un lugar central en la Torá. Recordar no consiste únicamente en traer algo a la mente, sino en vivir diariamente conforme a esa verdad. Quien recuerda al Eterno permanece humilde; quien lo olvida termina confiando en sí mismo.

El verdadero propósito del desierto: El Eterno permitió que Israel experimentara necesidad para enseñarle dependencia. El maná descendía cada mañana y no podía acumularse, mostrando que la confianza en Dios debía renovarse día tras día. No era posible vivir hoy de la obediencia de ayer. Por eso Moshé afirma: “No sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del Eterno” (Devarim 8:3).

El peligro de la Shefa u’Berajá (Abundancia y bendición): El desierto fue una escuela donde Dios no descubrió quién era Israel, porque Él ya lo sabía, sino donde Israel descubrió lo que realmente había en su propio corazón. Muchas veces pensamos que la prueba es la escasez, pero Ekev enseña que la prueba más difícil suele ser la abundancia. Es más fácil buscar al Eterno cuando falta el pan que permanecer dependientes de Él cuando nada parece faltar.

Se recompensa el amor y la obediencia: Otra enseñanza fundamental de esta parashá es la relación inseparable entre el amor y la obediencia. En el pensamiento hebreo no existe verdadera separación entre ambos. Amar al Eterno significa caminar en Sus caminos, guardar Sus mandamientos y reflejar Su carácter en la vida diaria. La obediencia no busca ganar el amor de Dios; es la respuesta natural de quien ya ha experimentado Su gracia.

No solo de pan vivirá el hombre: Yeshúa citó precisamente Deuteronomio 8:3 durante la tentación en el desierto. Con ello enseñó que el verdadero alimento del ser humano no es únicamente el pan material, sino vivir completamente sometido a la voluntad del Padre. Su vida se convierte así en el ejemplo perfecto del mensaje de Ekev: humildad, obediencia y dependencia absoluta del Eterno. En definitiva, Ekev nos recuerda que las mayores caídas espirituales no comienzan con grandes pecados, sino con pequeños descuidos: una oración abandonada, una gratitud olvidada, un mandamiento considerado sin importancia o una confianza excesiva en nuestras propias fuerzas. El Eterno primero forma el corazón y después entrega la bendición. La esencia de esta parashá es que el crecimiento espiritual no depende de realizar actos extraordinarios de vez en cuando, sino de vivir cada día con fidelidad en las cosas pequeñas. Quien cuida los “mandamientos del talón” desarrolla un corazón humilde, agradecido y dependiente del Eterno. Como enseñan los sabios, “La santidad no se construye en los grandes momentos de la vida, sino en las pequeñas decisiones repetidas con fidelidad”. Allí comienzan las verdaderas bendiciones del pacto.

HAFTARÁ

El Eterno nunca olvida a Su pueblo: Después del juicio y del exilio, el pueblo de Israel experimentó una profunda sensación de abandono. Jerusalén decía: “Pero Tziyon dice: HaShem me ha abandonado, HaShem se ha olvidado de mí”. Estas palabras reflejan el corazón de muchas personas que, en medio del sufrimiento, llegan a pensar que HaShem ya no las escucha. Sin embargo, el problema no era que HaShem hubiera olvidado a Israel, sino que el dolor había nublado su esperanza.

El Eterno responde con una de las imágenes más conmovedoras de toda la Escritura: ¿Puede una mujer olvidar al hijo que dio a luz?… Aunque ella lo olvidara, Yo nunca me olvidaré de ti” (49:15).

En la perspectiva hebrea, esta declaración revela el (hesed), el amor fiel y permanente del Eterno. No es un amor basado en los méritos de Israel, sino en el pacto que Él estableció con Abraham, Isaac y Jacob. La fidelidad de HaShem permanece incluso cuando Su pueblo atraviesa disciplina. Luego HaShem declara: “He aquí que en las palmas de mis manos te tengo grabada” (49:16).

La imagen es extraordinaria. En la antigüedad, los siervos marcaban el nombre de su amo para recordar a quién pertenecían. Aquí sucede lo contrario: el Rey del universo afirma que Su pueblo está siempre delante de Él. Es una manera de enseñar que Israel nunca deja de estar presente en el corazón del Eterno.

Más adelante, Isaías invita al pueblo a mirar hacia Abraham y Sara (51:1–2). Cuando HaShem llamó a Abraham, era un solo hombre, sin tierra y sin descendencia. Humanamente parecía imposible que de él naciera una nación. Sin embargo, el Eterno cumplió Su promesa.

La enseñanza es clara: el mismo Dios que hizo florecer a Abraham puede restaurar a Israel. Si fue capaz de convertir un matrimonio estéril en una multitud de naciones, también puede transformar un pueblo quebrantado en un pueblo restaurado. Muchas veces, las circunstancias nos hacen pensar que HaShem guarda silencio o que se ha olvidado de nosotros. Sin embargo, esta Haftará nos recuerda que la fidelidad del Eterno no depende de nuestros sentimientos ni de lo que vemos. Él permanece fiel a Su pacto y sigue obrando aun cuando todavía no podamos percibirlo. Esperar en HaShem no significa resignarse, sino confiar en que Sus promesas siguen vivas. El mismo Dios que llamó a Abraham, sostuvo a Israel en el exilio y prometió restaurar a Sión continúa transformando los desiertos de quienes permanecen confiando en Él.

BRIT HADASHÁ

El Cordero que tiene el control del plan del Eterno: En esta visión, Juan contempla el trono celestial y un rollo sellado con siete sellos. En la cultura hebrea, un séfer (rollo) representa la autoridad y el propósito del Eterno. Nadie podía abrirlo, y Juan llora porque parecía que el plan de Dios no podía cumplirse. Entonces aparece el León de la tribu de Yahudáh, una referencia al Mesías prometido desde la bendición de Jacob (Génesis 49:10). Pero cuando Juan mira, ve un Cordero como inmolado.

Aquí encontramos una verdad profunda: el Mesías vence no por medio de la fuerza humana, sino por medio del sacrificio. El Cordero recuerda al cordero de Pésaj, cuya sangre trajo liberación a Israel. Desde la perspectiva mesiánica, Yeshúa es presentado como aquel que trae redención y cumple el propósito del Eterno. Cuando el Cordero toma el rollo, el cielo adora, mostrando que la historia no está fuera de control. Aunque existan pruebas, guerras y dificultades, el Eterno sigue gobernando. Ekev enseña que Israel debía recordar al Eterno en el desierto y en la abundancia, confiando no en su propia fuerza sino en HaShem. Apocalipsis muestra la misma enseñanza: el pueblo del Eterno debe permanecer fiel aun en tiempos difíciles, confiando en que el Cordero tiene la victoria. A veces las circunstancias parecen indicar que todo está fuera de control, pero esta visión nos recuerda que el rollo está en las manos correctas. El Eterno sigue cumpliendo Su propósito y llama a Sus hijos a vivir con fe, obediencia y esperanza.

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Bendiciones para Janucá

  • Todas las noches

    Lehadlik Ner

    בָּרוּךְ אַתָּה ה' אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, אֲשֶׁר קִדְּשָׁנוּ בִּמְצִוֹתָיו וְצִוָּנוּ לַהֲדְלִיק נֵר שֶׁל חֲנֻכָּה

    Baruj Atá Adonai, Eloheinu Mélej HaOlam, asher kid'shanu b'mitzvotav v'tzivanu lehadlik ner shel Janucá.


    Bendito eres Tú, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que nos santificaste con Tus mandamientos y nos ordenaste encender las luces de Janucá.
  • Todas las noches

    Al Hanisim

    בָּרוּךְ אַתָּה ה' אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, שֶׁעָשָׂה נִסִּים לַאֲבוֹתֵינוּ בַּיָּמִים הָהֵם בַּזְּמַן הַזֶּה

    Baruj Atá Adonai, Eloheinu Mélej HaOlam, sheasá nisim la’avotenu bayamim hahem bazman hazé.


    Bendito eres Tú, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que hiciste milagros a nuestros antepasados en esos días y en este tiempo.
  • Solo la 1ª Noche

    Shehejeianu

    בָּרוּךְ אַתָּה ה' אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, שֶׁהֶחֱיָנוּ וְקִיְּמָנוּ וְהִגִּיעָנוּ לַזְּמַן הַזֶּה

    Baruj Atá Adonai, Eloheinu Mélej HaOlam, shehejeianu, vekiimanu, vehiguianu lazman hazé.

    Bendito eres Tú, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que nos has dado vida, nos has sostenido y nos has permitido llegar a este momento.

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בָּרוּךְ אַתָּה יְהֹוָה אֱלֹהֵֽינוּ מֶֽלֶךְ הָעוֹלָם אֲשֶׁר קִדְּ֒שָֽׁנוּ בְּמִצְוֹתָיו וְצִוָּֽנוּ עַל סְפִירַת הָעֹֽמֶר
Baruj Atá Adonai, Elohenu Melej haOlam, asher kidshanú, bemitzvotav vetzivanu al Sefirat haOmer.
Bendito eres Tú, D~os nuestro, Soberano del universo, que nos ha santificado con su mandamientos y nos ordenaste el conteo del Omer.
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