A partir de esta semana comenzamos el estudio del cuarto libro de la Torá, el libro de Bamidbar (Números), cuyo nombre no solo identifica al libro en su totalidad, sino que también da nombre a la primera parashá del mismo.
Primer censo de Israel: En el desierto del Sinaí, en el segundo año después de la salida de Egipto, HaShem le habla a Moshé y le ordena hacer un censo de las doce tribus de Israel, de todos los hombres de Israel aptos para el servicio militar, es decir, los mayores de veinte años. Moshé cuenta 603.550 hombres de entre 20 y 60 años; la tribu de Leví es contada aparte, totalizando 22.300 hombres de un mes de edad en adelante.
Cada tribu es contada por separado y se establecen los números de cada una, organizando así al pueblo en torno al Mishkán. La tribu de Leví no es incluida en el censo militar porque su función es especial: ellos están encargados del servicio del Mishkán, del cuidado del santuario y de todo lo relacionado con la presencia de HaShem en el campamento. Dentro de los levitas se asignan responsabilidades específicas a las familias de Gershón, Kehat y Merari, cada una con tareas distintas relacionadas con el transporte y cuidado del Mishkán cuando el pueblo se desplaza.
Líderes y ejércitos por tribus: Se establece la forma en que el campamento debe estar organizado alrededor del Mishkán, con las tribus ubicadas en diferentes lados: al este, al sur, al oeste y al norte. El Mishkán queda en el centro, mostrando que la presencia de HaShem es el centro de la vida del pueblo. Se describe también el orden de marcha cuando el pueblo se mueve por el desierto. Cada tribu avanza en un orden específico, con el Mishkán siendo desmontado y llevado por los levitas entre las distintas secciones del campamento.
Los levitas sirven en el tabernáculo (Mishkán): Los levitas son contados por separado desde el primer mes de vida, ya que son dedicados al servicio de HaShem en lugar de los primogénitos de Israel, que originalmente eran quienes debían servir. Se explica el intercambio de los levitas por los primogénitos del resto del pueblo.
Deberes de los hijos de Coat (Kehat): Se detalla finalmente la responsabilidad especial de la familia de Kehat, quienes cargan los objetos más sagrados del Mishkán, pero solo después de que los sacerdotes los cubren para que no sean vistos directamente, ya que su santidad es muy elevada. El pueblo de Israel queda organizado, contado y preparado para su viaje por el desierto, con cada tribu y familia sabiendo su lugar y su misión alrededor de la presencia de HaShem.
El pacto de lealtad entre David y Yehonatan) Jonatán, quien le advierte del peligro usando tres flechas: Lectura especial previa a Rosh Jodesh. El pacto de lealtad entre David y Yehonatan, hijo del rey Saúl, quien le advierte del peligro usando tres flechas. Yehonatan ya ha comprendido que su padre ha decidido perseguir a David, aunque este es inocente y está destinado a reinar en el futuro. Entre ambos se establece un pacto de amistad leal, basado no solo en un vínculo humano profundo, sino también en el reconocimiento del propósito de HaShem en la vida de David. Yehonatan le comunica a David una señal acordada previamente para advertirle del peligro. Esta señal se transmite mediante un código con flechas, que permitirá a David saber si debe quedarse o huir. Yehonatan sale al campo con un muchacho y, siguiendo el acuerdo, lanza las flechas más allá del lugar donde está escondido David. Con esto le indica que debe alejarse, porque el peligro es real. Después de que el muchacho regresa a la ciudad, Yehonatan y David se encuentran por última vez. En ese momento renuevan su pacto delante de HaShem. Yehonatan reconoce que el futuro de David está asegurado por el Eterno y le pide que, cuando llegue al trono, recuerde su amistad y cuide de su descendencia. Ambos se despiden con gran emoción, conscientes de que sus caminos se separan. Este relato resalta el valor del (brit) pacto, la lealtad, y la fidelidad a la voluntad divina por encima de los intereses personales o familiares.
BRIT HADASHÁ: Alrededor de este tiempo, el Emperador Augustus (Augusto César) decretó una orden para que se hiciera un censo de todo el Imperio. Este censo, el primero de su clase, tomó lugar cuando Quirinio (Cirineo) gobernaba Siria. Todos fueron a empadronarse, cada uno a su propio pueblo. Así que Yosef, como era linaje y de la casa de David, subió del pueblo de Netzaret en Galil, al pueblo de David llamado Beit-Lejem, en Yahudáh; para empadronarse con Miryam, con quien estaba comprometido para casamiento, la cual estaba en cinta. Entretanto estaban allí, llegó el tiempo para ella dar a luz; y dio a luz a su primera criatura, un hijo; lo envolvió en tela, y lo acostó en un abrevadero, porque no había espacio para ellos en las habitaciones de vivienda. El Apóstol Lucas es el único escritor de los Evangelios que relaciona los acontecimientos que narra con la historia mundial. Su obra se dirigía especialmente a una audiencia griega, la que estaba interesada y familiarizada con la situación política. Palestina vivía bajo el gobierno del Imperio Romano; Augusto César, el primer emperador romano, estaba a su cargo. Las autoridades romanas consideradas dioses, El censo romano se llevaba a cabo como una ayuda al reclutamiento militar o la recaudación de impuestos. Los judíos no tenían que servir en el ejército romano, pero no podían evitar pagar los impuestos. El decreto de Augusto César salió en el tiempo de Hashem y de acuerdo a su plan perfecto para traer a su Hijo al mundo. La porción nos registra el histórico acontecimiento del nacimiento de Nuestro Mashiaj Yeshúa, en medio de un gobierno romano.