Comunidad Shalom Ubrajot (C.S.U)

PARASHÁT HASHAVUA

Porción Semanal de la Torá

פרשת השבוע

Boletín Informativo

#121

5786 [2025-2026]

Yeshua dijo: "No piensen que he venido para anular la Torá o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir"

Lecturas de la Parashá

Torá: Bereshit 44:18 - 47:27
Haftará: Yejezkel[Ezequiel] 37:15 - 28
Brit HaDashá: Hechos 7:9 - 16

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#121

5786 [2025-2026]

PARASHÁT HASHAVUA

Porción Semanal de la Torá

פרשת השבוע

Yeshua dijo: "No piensen que he venido para anular la Torá o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir"

Lecturas de la Parashá

Torá: Bereshit 44:18 - 47:27
Haftará: Yejezkel[Ezequiel] 37:15 - 28
Brit HaDashá: Hechos 7:9 - 16

LA RECONCILIACIÓN

“VaYigash”: el poder de acercarse. La palabra VaYigash implica mucho más que un movimiento físico:

“Acercarse con valentía”, “Acercarse con arrepentimiento”, “Acercarse con responsabilidad”, “Acercarse con intercesión”. Iehudá (Judá) se ofrece a sí mismo como esclavo en lugar de Binyamín. Este acto muestra una transformación total: El mismo Iehudá que propuso vender a Yosef, ahora está dispuesto a dar su vida por su hermano. Esto es teshuvá verdadera (arrepentimiento que se demuestra con hechos).

La parashá continúa la historia de Yosef (José), quien ahora gobierna en Egipto. Sus hermanos han descendido por alimento debido a la hambruna, sin reconocer que el poderoso gobernante egipcio es el mismo hermano que ellos vendieron años atrás. Yosef ha puesto a prueba el corazón de sus hermanos, especialmente respecto a Binyamín, el hijo menor de Rajel. El momento culminante ocurre cuando Iehudá (Judá) se acerca (VaYigash) y habla desde lo más profundo de su ser.

La Torá nos muestra a Yosef como una persona que vivió momentos de mucho dolor, pero que nunca perdió su confianza en Hashem. Aunque fue vendido por sus propios hermanos y llevado lejos de su familia, la Torá deja claro que su historia no fue un accidente, sino parte de un plan más grande que aún no se entendía. Yosef es visto en la tradición hebrea como un tzadik, un justo que se mantuvo fiel incluso cuando nadie lo veía. En Egipto, lejos de la casa de su padre, siguió viviendo con integridad, respetando a HaShem en sus decisiones y cuidando su conducta. Esto enseña que la fidelidad a Hashem no depende del lugar donde estemos, sino del estado de nuestro corazón. El descenso de Yosef a Egipto no fue una caída espiritual, sino un descenso con propósito. Cada dificultad que Yosef atravesó lo fue preparando para asumir una responsabilidad mayor, aunque él no lo supiera en ese momento.

Yosef también nos enseña la importancia de la sabiduría y del orden. Supo interpretar los tiempos, prepararse para los años difíciles y actuar con responsabilidad. La Torá muestra que la espiritualidad no está separada de la vida práctica, sino que se expresa en cómo administramos, planificamos y cuidamos a otros. Durante muchos años, Yosef guardó silencio. No se defendió ni buscó venganza. “El justo es una señal de confianza profunda en Hashem”. Yosef entendió que no todo debía resolverse de inmediato y que HaShem actúa incluso cuando parece estar en silencio. El momento más fuerte de la parashá ocurre, cuando Iehudá (Judá) se acerca y muestra responsabilidad por su hermano menor. Solo entonces Yosef se revela diciendo: “Yo soy Yosef”. Esta revelación no viene acompañada de reproche ni castigo, sino de lágrimas y reconciliación. (La Torá nos enseña que la verdad se revela cuando el corazón está preparado para recibirla). Yosef no niega el daño que sufrió, pero lo mira desde una perspectiva más alta. Reconoce que, aunque hubo malas intenciones humanas, Hashem transformó todo para bien y para preservar la vida. Esto muestra que el perdón, no es olvidar, sino confiar en que HaShem puede sanar incluso las heridas más profundas. Gracias a Yosef, muchas vidas fueron salvadas, no solo las de su familia, sino también las de Egipto y otras naciones.

Preservar la vida es uno de los valores más altos de la Torá, y Yosef usó su posición para servir y no para dominar. VaYigash también es una historia de restauración familiar. Un padre vuelve a tener esperanza, hermanos se reconcilian y una familia dividida es sanada. La Torá nos recuerda que la redención comienza en el hogar y en las relaciones que han sido quebradas. Lo principal que podemos aprendes es: Yosef es un ejemplo para todos: alguien que aprendió a vivir con fe en medio de la dificultad, que no dejó que el resentimiento gobernara su corazón y que confió en Hashem aun cuando no entendía el camino. Su historia nos enseña que incluso en los momentos más oscuros, HaShem sigue obrando para traer vida, restauración y propósito.

Resumiendo: La parashá nos muestra la actitud de nobleza de Yosef y no de venganza contra sus hermanos, ya que en esos momentos, la situación era dramática para los hermanos de Yosef, unos momentos de mucha tensión, una serie de sentimientos encontrados, como la culpa y el miedo, por el lado de los hermanos y la alegría y felicidad de Yosef por otro lado, ya que sabía que su padre aún vivía, algún día c/u de nosotros vamos a estar frente a Yeshua, quien va a ser nuestro juez justo, no lo permita el Eterno que nosotros vayamos a estar atónitos, cuando seamos llamados a cuentas, por eso es necesario que seamos fieles y obedientes a la Torá y sus preceptos, sus mandamientos. Sigamos en ese cambio para bien, ya que lo veremos recompensado en el OLAM HABA, en el mundo venidero.

Recordemos que “El verdadero arrepentimiento se manifiesta en acciones”: La identidad se revela en el tiempo correcto de HaShem, El perdón trae sanidad generacional, El sufrimiento puede ser una herramienta de redención, La reconciliación precede a la revelación mesiánica, HaShem está restaurando la unidad de su pueblo.

HAFTARÁ

La haftará presenta la profecía de los dos maderos, uno de Iehudá y otro de Yosef (Efraím), que son unidos en la mano del profeta como señal de la reunificación total del pueblo de Israel. HaShem promete que serán una sola nación, bajo un solo liderazgo, con un solo pastor y un pacto eterno de paz. Así como en la parashá, Iehudá se acerca a Yosef y se produce la reconciliación que preserva la vida de Israel, la haftará anticipa una reconciliación mayor, en la que aquel que fue rechazado es finalmente reconocido. Este patrón es entendido como una figura del Mashíaj, quien trae revelación, teshuvá y restauración espiritual. Esta unión señala que la redención es completa y abarca tanto a los dispersos entre las naciones como a los que permanecieron fieles a la Torá. HaShem mismo purifica al pueblo, quita la idolatría y establece Su Presencia en medio de Israel, manifestando plenamente Su Reino cuando el pueblo es hecho uno bajo el reinado del Mashíaj.

BRIT HADASHÁ

Esteban relata la historia de Yosef y sus hermanos, destacando cómo la envidia de sus hermanos lo llevó a ser vendido a Egipto, pero HaShem lo utilizó para preservar tanto a él como a su familia. Yosef, aunque traicionado, se convierte en instrumento de salvación, un patrón que prefigura al Mashíaj, quien también sería rechazado y luego exaltado para traer redención a Israel y a las naciones. La llegada de Yizjak y su familia a Egipto asegura la supervivencia del pueblo, mostrando que HaShem puede usar la adversidad para cumplir Su plan. Todo lo sucedido estaba dentro de la soberanía divina y cumple la promesa hecha a Abraham, Yitzjak y Ya´akov, anticipando cómo el Mashíaj traerá reconciliación y preservación. Yosef actúa como figura mesiánica: traicionado por su propio pueblo, elevado a autoridad y usado para salvar, reflejando la obra redentora de Yeshúa, quien une, protege y cumple las promesas de HaShem.

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    בָּרוּךְ אַתָּה ה' אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, אֲשֶׁר קִדְּשָׁנוּ בִּמְצִוֹתָיו וְצִוָּנוּ לַהֲדְלִיק נֵר שֶׁל חֲנֻכָּה

    Baruj Atá Adonai, Eloheinu Mélej HaOlam, asher kid'shanu b'mitzvotav v'tzivanu lehadlik ner shel Janucá.


    Bendito eres Tú, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que nos santificaste con Tus mandamientos y nos ordenaste encender las luces de Janucá.
  • Todas las noches

    Al Hanisim

    בָּרוּךְ אַתָּה ה' אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, שֶׁעָשָׂה נִסִּים לַאֲבוֹתֵינוּ בַּיָּמִים הָהֵם בַּזְּמַן הַזֶּה

    Baruj Atá Adonai, Eloheinu Mélej HaOlam, sheasá nisim la’avotenu bayamim hahem bazman hazé.


    Bendito eres Tú, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que hiciste milagros a nuestros antepasados en esos días y en este tiempo.
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    בָּרוּךְ אַתָּה ה' אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, שֶׁהֶחֱיָנוּ וְקִיְּמָנוּ וְהִגִּיעָנוּ לַזְּמַן הַזֶּה

    Baruj Atá Adonai, Eloheinu Mélej HaOlam, shehejeianu, vekiimanu, vehiguianu lazman hazé.

    Bendito eres Tú, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que nos has dado vida, nos has sostenido y nos has permitido llegar a este momento.

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Baruj Atá Adonai, Elohenu Melej haOlam, asher kidshanú, bemitzvotav vetzivanu al Sefirat haOmer.
Bendito eres Tú, D~os nuestro, Soberano del universo, que nos ha santificado con su mandamientos y nos ordenaste el conteo del Omer.
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