EL INICIO DE UN PLAN DIVINO
- Yosef (José) es vendido por sus hermanos: La parashá comienza con Yosef, el hijo favorito de Yaakov, a quien su padre le regala una túnica de muchos colores. Esto despierta celos entre sus hermanos, quienes se molestan aún más cuando Yosef les cuenta dos sueños en los que parece que algún día será un líder sobre ellos.
- Yosef vendido por sus hermanos: Movidos por la envidia, los hermanos tiran a Yosef a un pozo y luego lo venden como esclavo a unos mercaderes ismaelitas que lo llevan a Egipto. Yaakov, al ver la túnica manchada de sangre, cree que su hijo ha muerto y queda profundamente triste. En Egipto, Yosef es vendido a Potifar, un oficial importante. Allí se gana la confianza de su amo por ser trabajador y honesto.
- Yosef y la esposa de Potifar: La esposa de Potifar lo acusa falsamente de intentar seducirla, por lo que Yosef es enviado a la cárcel. Incluso allí, Yosef se destaca por su conducta recta y ayuda a dos prisioneros interpretando sus sueños. Aunque vive momentos difíciles, Hashem está con él y lo prepara para una misión futura muy importante. La venta de Yosef por sus hermanos refleja temas de rivalidades familiares anteriores y también anticipa la futura esclavitud del pueblo de Israel en Egipto. La belleza de Yosef alude a su conexión espiritual con HaShem. La falsa acusación de la esposa de Potifar recuerda las pruebas de inocencia mencionadas en la Torá.
- Las lecciones principales que nos deja la parashá: La envidia y el odio pueden llevar a acciones terribles, como la venta de Yosef. Es esencial confiar en HaShem incluso en la adversidad, como lo hizo Yosef durante su encarcelamiento. Su integridad y honestidad muestran cómo debemos actuar en situaciones difíciles. Se nos enseña, sobre la confianza en HaShem, la lucha entre el bien y el mal, y el valor de la inocencia y la integridad. También resalta la conexión especial entre Yosef, la Shejiná y la presencia divina en nuestra vida.
- La Parashá Vayéshev presenta a Yosef como una sombra profética del Mesías: Desde la perspectiva mesiánica vemos que la vida de Yosef se parece mucho a la de Yeshúa. Yosef era amado por su padre, pero rechazado por sus hermanos; Yeshúa también fue enviado por el Padre y muchas personas no lo aceptaron. Yosef fue vendido por sus hermanos y sufrió muchas injusticias, igual que Yeshúa. Pero aunque pasaron cosas tristes, Dios tenía un plan para usar a Yosef para salvar muchas vidas, de la misma manera que HaShem usó a Yeshúa para traer salvación al mundo. Yosef mantuvo su corazón limpio y confió en HaShem en todos sus problemas. Esto nos enseña que, como Yeshúa y como Yosef, debemos confiar en Hashem aunque las cosas parezcan difíciles. HaShem nunca nos abandona y siempre tiene un propósito bueno para nuestras vidas.
- Temas espirituales que resalta la Parashá: La envidia destruye relaciones (Un sentimiento pequeño puede crecer hasta causar daño grave). La integridad incluso en momentos difíciles (Yosef se mantiene fiel aun en tentación y sufrimiento). HaShem está presente en todas las etapas de la vida (Aunque Yosef pasa por dolor, Dios lo acompaña y lo prepara para su destino). El sufrimiento puede formar el carácter (Yosef madura a través de las pruebas para llegar a ser líder). El plan de HaShem usa incluso lo negativo (Lo que otros hacen para mal puede transformarse en bien).
HAFTARÁ
Amós profetiza alrededor del siglo VIII a.C., durante el reinado de Jeroboam II en Israel. Es un tiempo de abundancia material, pero también de corrupción, injusticia social, adoración falsa y confianza en un falso sentido de seguridad nacional.
- La Haftará nos muestra la gravedad del pecado de injusticia. La fidelidad de HaShem a pesar del rechazo.
- La necesidad de un Rey justo y un Profeta verdadero, “el Mesías”. El proceso divino: juicio, purificación, restauración.
- Amós prepara el corazón para la esperanza final. La restauración del reino bajo el Hijo de David, el Mesías prometido.
Justicia Social: La Torá ordena: no oprimir al pobre; no torcer el juicio (Éx 23:6; Lev 19:15; Deut 24:14).
Israel es pueblo escogido, pero con un pacto que exige obediencia (Éx 19:5–6; Deut 7:6–11).
Israel “vende al justo”, explota al pobre y oprime al débil (2:6–7). El Mesías es el Rey que “juzgará con justicia a los pobres” (Is 11:4). Defiende al oprimido (Sal 72).
Santidad en la vida sexual: La Torá prohíbe toda inmoralidad, especialmente profanar el Nombre mediante prácticas sexuales inmorales (Lev 18; 20). Amós denuncia que padre e hijo se acuestan con la misma mujer, profanando el Nombre (2:7). El Mesías llama a la pureza del corazón y eleva el estándar (Mt 5:27–28). Él mismo encarna la santidad perfecta.
Fidelidad de HaShem frente a la infidelidad humana: HaShem permanece fiel, aunque Israel sea infiel (Deut 7:8-9). Amós resalta la infidelidad total de Israel, pero también la fidelidad divina en intervenir (3:1–2). El Mesías es la expresión máxima de la fidelidad de Dios: pacto renovado, perdón y restauración final.
BRIT HADASHÁ
En esta porción Esteban recuerda cómo Yosef fue rechazado por sus propios hermanos a causa de la envidia, pero aun así HaShem estuvo con él en todo momento. Aunque sufrió injusticias y aflicciones, HaShem convirtió ese sufrimiento en una oportunidad para exaltarlo y colocarlo en un lugar de influencia donde pudiera salvar vidas en tiempos de hambre. Lo más significativo es que Yosef terminó siendo instrumento de bendición justamente para aquellos que lo habían maltratado, mostrándonos cómo HaShem puede sanar el corazón y usar nuestras heridas para producir reconciliación.
La historia culmina mostrando que HaShem preparó la provisión antes de que llegara la necesidad: Yosef ya estaba en Egipto cuando el hambre vino a la tierra, listo para recibir y sostener a su familia. Este pasaje nos enseña que el rechazo humano no detiene el plan de Dios, que las dificultades pueden ser parte de la preparación divina, y que HaShem siempre obra para redimir, restaurar y cumplir Su propósito a favor de Sus hijos.