BENDICIONES PROFÉTICAS
- Ya´akov y la promesa de redención: Antes de morir, Ya´akov hace jurar a Yosef que no lo enterrará en Egipto, sino en la tierra prometida (Cueva de Majpelá). Recordemos que Egipto representa el exilio; Canaán representa la redención. Ya´akov muere con fe en que HaShem sacará a Israel del exilio, lo que anticipa la redención final mesiánica. Esta fe apunta a la resurrección y restauración final asociada con los días del Mesías.
- Efraín y Menashé: el orden invertido: Ya´akov bendice a los hijos de Yosef y cruza sus manos, dando la primogenitura espiritual a Efraín sobre Menashé. HaShem no actúa según el orden natural sino según Su propósito. Efraín llega a representar proféticamente a las naciones (goyim) que recibirían bendición a través de Israel.
- Las bendiciones proféticas de las doce tribus: En Bereshit 49, Ya´akov no solo bendice, sino que profetiza el destino de cada tribu “en los últimos días” (be’ajarit hayamim),
- Yehudá y el Rey Mesías: La bendición más importante desde la óptica mesiánica es la de Yehudá: “No será quitado el cetro de Yehudá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Shiló, y a él se congregarán los pueblos.” (Gn 49:10). Shiló es entendido tradicionalmente como un título mesiánico. El cetro simboliza el reinado, indicando que el Mesías vendrá de la línea de Yehudá. “A él se congregarán los pueblos” anuncia un reino universal, no solo para Israel. En el judaísmo mesiánico, esta profecía se cumple en Yeshúa como el Rey Mesías prometido.
- Yosef como figura profética del Mesías (Yeshúa): Yosef es uno de los tipos mesiánicos más claros en la Torá: Yosef: Rechazado por sus hermanos. Vendido por plata. Sufre injustamente. Exaltado a la derecha del poder. Proveedor de vida a las naciones. Yeshúa: Rechazado por su pueblo. Traicionado por plata. Sufre sin culpa. Exaltado a la diestra de HaShem. Salvador del mundo.
- Yosef ben Yosef -Yosef ben David: En la tradición judía existe la idea de Mashíaj ben Yosef (mesías sufriente) y Mashíaj ben David (mesías reinante). Yosef prefigura al Mesías que sufre antes de reinar.
- Muerte, fe y resurrección: Yosef también pide que sus huesos sean llevados fuera de Egipto cuando HaShem redima a Israel. Esta petición expresa fe en la redención futura. En Hebreos 11:22 se menciona esta fe como ejemplo. Apunta a la resurrección y restauración final, temas centrales en la esperanza mesiánica.
- Vayejí nos enseña que: La redención puede parecer lejana, pero HaShem es fiel a Sus promesas. El Mesías viene a través de Israel para bendecir a todas las naciones. El sufrimiento precede a la gloria. La historia no termina en el exilio, sino en la redención final. La parashá Vayejí cierra Bereshit (Génesis) mirando hacia adelante, desde el exilio hacia la redención, desde los patriarcas hacia el Mesías, desde la muerte hacia la vida.
HAFTARÁ
Vemos al rey David en sus últimos momentos hablando con su hijo Shelomó. No le habla primero de riquezas, ejércitos o poder, sino de algo mucho más importante: caminar con HaShem y obedecer Sus mandamientos. David entiende que un reino no se mantiene solo por herencia o por fuerza humana, sino por una relación correcta con HaShem.
Shelomó recibe el trono, pero también recibe una responsabilidad. HaShem le había prometido a David que su descendencia reinaría, pero David le recuerda a su hijo que esa promesa se vive cada día con obediencia y fidelidad. Esto nos enseña que las promesas de HaShem no son una excusa para vivir de cualquier manera, sino un llamado a caminar rectamente. El Mesías viene de la casa de David, pero su autoridad no está solo en el linaje, sino en su obediencia total a HaShem. Yeshúa vivió exactamente así: haciendo la voluntad del Padre, mostrando cómo se ve un verdadero rey delante de HaShem. David también habla de justicia. Le pide a Shelomó que actúe con sabiduría y que no ignore el mal. Esto nos muestra que el reino de HaShem es un reino de justicia y verdad. El Mesías no viene a encubrir el pecado, sino a traer luz, corrección y restauración. El pasaje termina diciendo que el reino quedó firmemente establecido en manos de Shelomó. Esto apunta a una esperanza mayor: el reino definitivo que HaShem establecerá por medio del Mesías, un reino que no será pasajero ni imperfecto, sino eterno. Para nosotros hoy, esta porción nos recuerda que una vida firme delante de HaShem no se construye solo con palabras o emociones, sino con obediencia diaria. El Mesías no solo vino a reinar, sino a guiarnos a vivir una vida fiel a HaShem, aun cuando estamos aprendiendo y creciendo en el conocimiento de Su palabra
BRIT HADASHÁ
Pedro nos habla de una esperanza viva que nace de la resurrección del Mesías. Esta esperanza no es abstracta; está profundamente conectada con la historia del pueblo de HaShem. En la parashá vemos cómo HaShem llama a Su pueblo a caminar en obediencia, recordándonos que la relación con Él siempre ha sido el centro del pacto. La fe bíblica nunca fue solo creer, sino vivir de acuerdo con la voluntad de HaShem.
La haftará, con David hablando a Shelomó, refuerza este mismo mensaje. David no le deja a su hijo oro ni ejércitos como legado principal, sino una instrucción clara: obedecer a HaShem y caminar en Sus caminos. El reino solo puede mantenerse si hay fidelidad. Pedro expresa esa misma verdad cuando dice que somos guardados por el poder de HaShem mediante la fe. En la Brit Hadasha, Pedro también reconoce que hay pruebas. Shelomó heredó un reino con desafíos, conflictos y decisiones difíciles. De la misma manera, el creyente enfrenta pruebas que ponen a prueba su fe. Estas pruebas no anulan la promesa, sino que la refinan, así como el fuego purifica el oro. La herencia que Pedro menciona conecta con la promesa hecha a David: un reino firme y duradero. Desde la fe mesiánica, entendemos que esta promesa encuentra su plenitud en el Mesías, hijo de David. Así como el reino fue establecido en manos de Shelomó, esperamos el establecimiento final del reino del Mesías, que será eterno y justo.
Resumen del Sefer Bereshit: Al concluir el estudio de Bereshit aprendemos que HaShem, desde el principio, buscó formar personas y no solo prácticas religiosas. Fuimos creados a Su imagen, con propósito y dignidad. Esa imagen fue dañada por el pecado, pero en Yeshúa vemos cómo es restaurada y cómo debe vivir el ser humano conforme al corazón de HaShem. La caída nos enseña que el mayor problema del hombre fue dejar de confiar en HaShem. Yeshúa vino a mostrarnos el camino de la obediencia y la dependencia del Padre, restaurando la relación que se perdió en el Edén. Desde el inicio, HaShem ya había preparado la redención, anunciando la esperanza del Mesías. Bereshit también nos recuerda que HaShem mira el corazón antes que la ofrenda. La fe genuina produce obediencia y una vida transformada. En Noaj vemos que la gracia precede a las obras, y en Avraham aprendemos que la fe es el fundamento de nuestra relación con HaShem. Finalmente, la vida de Yosef nos enseña que aun en medio del sufrimiento, HaShem cumple Su propósito. Lo que parece pérdida, HaShem lo transforma en bendición para muchos. Así, Bereshit nos prepara como comunidad para caminar confiando en HaShem y viviendo conforme al propósito que Él estableció desde el principio, revelado y cumplido en Yeshúa.