LA REVELACIÓN DEL TEMPLO
La parashá se centra principalmente en la construcción del Tabernáculo, el lugar donde la presencia de Hashem (la Shejiná) se manifestaría de manera tangible en medio del pueblo de Israel. Después de la transgresión del Becerro de Oro (Parashá Ki Tisá), donde el pueblo de Israel se alejó de Hashem, la revelación del Tabernáculo es una señal de reconciliación y perdón divino. Es un lugar de encuentro, donde la santidad de Hashem y la comunidad israelita se encuentran de una forma especial.
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- Y cuando Moshé hubo convocado: Rashí observa: “Al día siguiente de Yom Kipur, cuando descendió de la montaña” Según el Midrash, Moshé reunió a la congregación de los hijos de Israel para enseñarles las leyes del sábado, pues Dios le había dicho: Adopta esta costumbre de reunir al pueblo, a fin de enseñarle las reglas de conducta e inspirarle el amor por la Torá. Estas reuniones servirán de modelo para las futuras generaciones. Así la luz no se apagará en Israel, y mi nombre será glorificado de generación en generación”(Midrash, Yalcut 408). Al comenzar la construcción del Tabernáculo, la Torá nos recuerda la observancia del sábado para decirnos que a pesar de que la construcción del santuario es un precepto divino, no se permite por ello profanar la santidad del shabbat. Este precepto pertenece a la categoría de las leyes llamadas jukim, acerca de las cuales la Torá no explica su porqué. Cuatro eran los objetos principales del Tabernáculo: el arca, la mesa, el altar y el candelabro. El arca simbolizaba la cultura espiritual; la mesa, la cultura material; el altar, el sacrificio para alcanzar la perfección; el candelabro, la luz para iluminar el camino de la vida del ser humano. Se relata la construcción del Tabernáculo tal como Dios ordenó a Moshé en las parashot anteriores. El pueblo respondió fervorosamente a la demanda y trajo sus ofrendas. Se les instruye sobre los materiales necesarios, como oro, plata, bronce, pieles, telas, madera, piedras preciosas y otros materiales. Este llamado se realiza de manera generosa y comunitaria, mostrando el compromiso del pueblo con la construcción de un lugar sagrado.
- El Shabat y la santidad: Un tema que se reitera al inicio de esta parashá es la observancia del Shabat. En el primer versículo de la parashá, Moshé les recuerda a los israelitas la importancia de guardar el Shabat, incluso en medio de la construcción del Tabernáculo. El Shabat es presentado como una ley divina fundamental y un recordatorio de la santidad de Israel y su relación con Hashem.
- La conexión entre la creación del Mishkán/Tabernáculo y la creación del mundo: La palabra Mishkán, que significa “tabernáculo” o “morada”, tiene una raíz similar a la palabra Shejiná, que denota la presencia de Hashem en el mundo. Así, la construcción del Tabernáculo representa no solo un lugar físico, sino también un acto simbólico en el que los seres humanos colaboran con Hashem en la creación de un espacio sagrado.
- La contribución del pueblo y la unidad: El llamado a la construcción del Tabernáculo enfatiza la participación colectiva y la unidad del pueblo. La parashá describe cómo las contribuciones llegaron de manera espontánea y abundante. Los versículos destacan que tanto “hombres como mujeres” trajeron materiales con generosidad y sin reticencias. Este acto de contribución refleja la importancia de la comunidad y la unidad en la tradición hebrea. El Tabernáculo no es un proyecto de una sola persona ni de un pequeño grupo, sino un esfuerzo conjunto de todo el pueblo de Israel. Rashí al respecto comento: destaca que las mujeres se mostraron más solícitas que los hombres a ofrecer sus más bellos adornos en honor del santuario del Eterno con motivo de la fabricación del “Becerro de Oro”, fueron los hombres los que se despojaron de sus pendientes de oro mientras que las mujeres se negaron a traer sus dádivas. Ellas fueron recompensadas, dice Rabí Eli´ézer (Pirké cap.48), en este mundo futuro, por la fidelidad a dios que manifestaron en estas dos circunstancias.
- Bezalel (en la sombra de Hashem) y Oholiab (mi tienda es Dios): los artesanos divinamente inspirados: Se destaca la designación de Bezalel, de la tribu de Judá y Oholiab, de la tribu de Dan. como los artesanos principales responsables de la construcción del Tabernáculo. La escuela de arte de los israelitas estaba bien estructurada y dirigida por estos dos grandes maestros. La especialidad del primero eran los trabajos en oro, plata y cobre, engaste de piedras preciosas, talla de maderas; y el segundo servía a las demás artes. Hashem capacitó a estos dos maestros para que enseñasen toda clase de artesanías a los demás hombres hábiles que practicaban sus artes en la construcción del Tabernáculo bajo su orientación, y que debía ser finalizada de acuerdo con las órdenes de Moshé. Su historia nos invita a reflexionar sobre cómo cada acción que realizamos, cuando está alineada con un propósito divino, puede convertirse en un acto sagrado y transformador.
- El significado místico del Tabernáculo: En la Kabbalah y otros textos místicos judíos, el Tabernáculo se interpreta no solo como una estructura física, sino también como un modelo del “Cuerpo Divino”. Cada parte del Tabernáculo tiene un significado simbólico que se corresponde con aspectos del cuerpo humano y con las sefirot (atributos divinos) en la Kabbalah. El Tabernáculo es un microcosmos del mundo espiritual, y su construcción es una manifestación de la conexión entre lo divino y lo humano.
- El regreso a la santidad tras el Becerro de Oro: Uno de los aspectos más significativos de esta parashá es el contexto de redención y reconciliación que presenta. Después del pecado del Becerro de Oro, el pueblo de Israel ha recibido el perdón divino, y la construcción del Tabernáculo simboliza no solo la restauración de la relación con Hashem, sino también un regreso al propósito divino de ser una nación santa.
HAFTARÁ
El Shabbat Pará es un momento especial en el calendario judío, marcado por la lectura de un pasaje adicional relacionado con la purificación: el mandamiento de la Pará Adumá (vaca roja) en Bamidbar 19. En este contexto, la Haftará de Vayakhel para Shabbat Pará, tomada de Yejezkel (Ezequiel) 36:16-36, adquiere un significado profundo al abordar la purificación espiritual y la redención futura de Israel.
Este pasaje profético de Yejezkel (Ezequiel) describe el estado de impureza en el que cayó el pueblo de Israel debido a sus transgresiones, lo que llevó a su exilio entre las naciones. Sin embargo, Adonai promete redimir y purificar a Su pueblo, no por sus méritos, sino para santificar Su Nombre, que ha sido profanado entre las naciones.
El pecado y el exilio
- Israel se contaminó con sus acciones, comparadas con la impureza ritual (tumá).
- Como consecuencia, fue dispersado entre las naciones, lo que trajo deshonra al Nombre de Adonai.
La promesa de purificación
- Adonai declara que derramará aguas puras sobre Israel para limpiarlo de sus impurezas y su idolatría.
- Se introduce la idea de una transformación interna: “Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros” (Ezequiel 36:26).
Restauración y renovación de la Tierra
- La tierra, que había quedado desolada, volverá a florecer y producir frutos en abundancia.
- Las ciudades en ruinas serán reconstruidas, y todas las naciones reconocerán el poder de Adonai en la redención de Israel.
El concepto de purificación es el vínculo central entre esta Haftará y Shabbat Pará. Así como las cenizas de la vaca roja se usaban para purificar a quienes estaban ritualmente impuros, en Yejezkel Adonai promete una purificación espiritual, restaurando no solo la relación de Israel con Él, sino también la vitalidad de su tierra. Además, la imagen de las aguas purificadoras que se mencionan en la Haftará recuerda el proceso de purificación de la Pará Adumá, donde el agua mezclada con las cenizas de la vaca roja tenía el poder de eliminar la impureza ritual.
BRIT HADASHÁ
Dar con generosidad y alegría: Recuerden esto: El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará. Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Hashem ama al que da con alegría. Y Hashem puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario y toda buena obra abunde en ustedes. Como está escrito: Repartió sus bienes entre los pobres; su justicia permanece para siempre.
En este pasaje, Rab Shaul conecta profundamente la generosidad con la gracia de Hashem. En el contexto judío, las obras de justicia, como dar a los pobres, son vistas como una forma de imitar a Hashem, quien es generoso y justo. Así, el acto de dar no solo es un cumplimiento de la ley, sino una respuesta a la gracia que Hashem ha derramado sobre su pueblo. Al dar generosamente, los creyentes reflejan el carácter de Hashem y participan en su obra redentora en el mundo. La generosidad, por tanto, es un medio para edificar la comunidad de fe, demostrar la presencia de Hashem y participar en su reino de justicia, amor y misericordia. La generosidad es vista no solo como una buena acción, sino como un mandato divino. La Tzedaká es la palabra hebrea para “justicia” o “caridad”, y se refiere a la acción de dar, no solo por piedad, sino por un sentido de justicia. El acto de dar es visto como un cumplimiento de la justicia social, ya que se reconoce que todas las bendiciones materiales provienen de Hashem y que las riquezas son dadas para ser compartidas. La Torá y los profetas insisten en que los recursos no deben ser acumulados egoístamente, sino distribuidos de manera justa para atender a los pobres, huérfanos, viudas y extranjeros. Esto se puede ver en Deuteronomio 15:7-11, donde se ordena a Israel abrir su mano generosamente hacia los necesitados. Por lo tanto, la generosidad de los creyentes corintios no solo era un acto de bondad, sino también un cumplimiento de la justicia divina, que refleja la verdadera relación con Hashem.