LA SÚPLICA DE MOSHÉ
- La súplica de Moshé para entrar a la tierra de Israel: La parashá, es rica en contenido fundamental. Moshé rogó a Hashem para entrar a la Tierra Prometida, pero Hashem, enojado por causa del pueblo, le negó la entrada. En lugar de ello, le ordenó observar la tierra desde el monte Pisgá y fortalecer a Yehoshúa/Josué, quien guiaría al pueblo a su herencia. El Midrash enseña que Moshé oró 515 veces (el valor numérico de Vae´tjanán) para entrar en la tierra, pero Hashem le pidió que no siguiera rogando. ¿Por qué no pudo entrar? Porque HaShem quería que Yehoshúa guiara la entrada como un nuevo comienzo, y que la Torá de Moshé quedara completa antes del cruce . En el versículo (4:7) “¿Cuál es la nación grande que tiene a HaShem tan cerca?” los sabios lo leen como un llamado a la introspección sobre el valor único de la relación entre Israel y HaShem a través de la Torá y la tefilá.
- Prohibición de la idolatría: HaShem advirtió contra crear imágenes o figuras de personas, animales o cuerpos celestes, recordando que Israel no vio forma alguna en el monte Horev. El pueblo fue elegido como heredad sagrada, separado de las prácticas idólatras de las naciones.
- La unicidad de Hashem: El pueblo de Israel fue testigo de una revelación única: escuchar la voz de HaShem desde el fuego y sobrevivir. Hashem, con mano poderosa, los sacó de Egipto para demostrar que Él es el único Elohim, no hay otro fuera de Él.
- Ciudades de refugio: Moshé designó tres ciudades en el este del Yarden (Jordán) como refugio para quienes cometieran homicidio involuntario, proveyendo justicia y misericordia dentro de la ley.
- Repetición de la Torá y los Diez Mandamientos: Moshé recordó al pueblo la entrega de la Torá en Sinaí y la renovación del pacto en Jorev. Los Diez Mandamientos son el núcleo de la relación entre Hashem y Su pueblo, sirviendo como base para los 613 mandamientos (248 positivos y 365 negativos). También aprendemos que los Diez Mandamientos enseñan a vivir bien; Respetar a los padres, no mentir, no robar, cuidar el Shabat… ¡así vivimos con alegría y en paz!
- Declaración de fe centra Shemá Israel: El Shema Yisrael (6:4), “¡Shema Yisrael! Hashem Eloheinu, Hashem Ejad.” es una declaración central de fe que afirma la unicidad de HaShem: “Adonai Eloheinu, Adonai Ejad” “El Señor es nuestro HaShem, el Señor es Uno”. Es un acto de reconocimiento y compromiso con el monoteísmo absoluto y la fidelidad al pacto con HaShem. Se recita diariamente como expresión de amor, obediencia y entrega total a Él. Una declaración de fe, pero también contiene la palabra “Ejad” (Uno) que alude a la unidad esencial de HaShem. Devarim 6:4-9 insta a amar a Hashem con todo el ser, enseñar Su Torá a los hijos y recordarla constantemente. Esto se expresa también físicamente a través de los tefilín y la mezuzá, símbolos visibles del pacto.
- Advertencia contra la asimilación: Al entrar a la tierra, el pueblo debía eliminar completamente a los pueblos idólatras y no hacer pactos con ellos, para no caer en idolatría ni corromper su misión espiritual.
- Exhortación final: Moshé insta al pueblo a obedecer cuidadosamente los mandamientos, pues su cumplimiento es la clave para una vida bendecida, kadosh (santa) y conectada con Hashem.
HAFTARÁ
Shabat Najamú: La Haftará que se lee este Shabat, se denomina “La Haftará del Shabat Najamú”, después de Tishá BeAv (día de duelo por la destrucción del Templo), inaugura un ciclo de siete semanas de lecturas de “consolación” (Shiv’a de Neḥamata) que conducen hasta Rosh Hashaná. Según la interpretación del Midrash, es HaShem mismo quien instruye a los profetas a consolar a Israel, mostrando que el consuelo proviene directamente del cielo. Este pasaje ha sido, durante milenios, una fuente de esperanza y aliento para el pueblo judío. El mensaje central de Isaías 40 es el reconocimiento de la soberanía absoluta de HaShem y su fidelidad para redimir a su pueblo. En medio del exilio y la aflicción, este capítulo proclama una palabra de consuelo, anuncia la liberación y restauración de Israel, y llama al pueblo a confiar en HaShem por encima de las circunstancias.
Es un recordatorio eterno de que la fe en HaShem debe ser siempre nuestra fuente de esperanza. Además de consolar, este texto también anuncia la venida del Mesías, el perdón de los pecados y el establecimiento del Reino de HaShem. Es, por tanto, un mensaje profundamente profético y redentor que trasciende generaciones.
BRIT HADASHÁ
- Prueba de fe/identidad: «Si eres el Hijo de HaShem, lánzate abajo, porque está escrito…» Poder/Reino del mundo: «Te daré todos estos reinos si te postras y me adoras.» Cada vez, Yeshúa responde con versículos de Devarim (Deuteronomio). Finalmente, el satán lo deja y ángeles lo atienden. Yeshúa en el desierto: una tipología de Israel: Paralelismo con Israel en el desierto (Éxodo): Israel fue probado durante 40 años en el desierto → Yeshúa durante 40 días. Ambos pasaron por pruebas de hambre, confianza en Dios, y fidelidad a la Torá.
- Las tentaciones como pruebas de fidelidad a la Torá (Ley): Cada tentación es respondida con versos del Deuteronomio, un libro clave en la enseñanza judía sobre obediencia a Dios en el desierto: Tentación 1: “Di que estas piedras se conviertan en pan”, apela al hambre física. Yeshúa responde con Deuteronomio 8:3: “No sólo de pan vivirá el hombre…” Significado hebreo: La verdadera vida proviene de la obediencia a la Palabra de Dios. Tentación 2: “Lánzate desde el templo” Apela al orgullo y la prueba de Dios. Yeshúa cita Deuteronomio 6:16: “No tentarás al Señor tu Dios”. Significado: En la tradición judía, tentar a Dios es exigir pruebas de su fidelidad, algo que Israel hizo en Masá. Tentación 3: “Adórame y te daré todos los reinos”, Tentación del poder sin sufrimiento. Yeshúa responde con Deuteronomio 6:13: “Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás”. Desde la perspectiva hebrea, solo HaShem es digno de adoración; cualquier otro culto es idolatría. En resumen: Mateo 4:1–11 presenta a Yeshúa como el Mesías fiel que reinterpreta y cumple la experiencia de Israel en el desierto. Su victoria sobre la tentación demuestra su fidelidad total a la Torá y su identidad como Hijo de Dios obediente, cualidades esenciales del verdadero Mesías en el pensamiento judío del primer siglo.