SHOFTIM
Administración de justicia: Moshé prepara a Israel para entrar en la Tierra Prometida y establece principios para una sociedad ordenada conforme a la voluntad del Eterno. La parashá aborda temas como la justicia, el liderazgo, los jueces, los sacerdotes, los profetas, el rey, los testigos, las ciudades de refugio y las leyes de la guerra.
Moshé ordena establecer jueces y oficiales en cada ciudad y les exige administrar justicia sin favoritismo, corrupción ni soborno: “No torcerás el derecho; no harás acepción de personas, ni tomarás soborno” (Devarim 16:19). Luego declara: “Justicia, justicia perseguirás” (16:20), mostrando que la justicia debe ser un principio permanente en la vida del pueblo.
La selección de un rey: La parashá también establece normas para los reyes. Aunque Israel tendría un rey, este no estaría por encima de la Torá. No debía acumular excesivamente caballos, mujeres ni riquezas, y debía escribir una copia de la Torá y leerla todos los días, “para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos” (17:20). El liderazgo, por tanto, debía estar acompañado de humildad y sometimiento al Eterno.
Porciones de los sacerdotes y los levitas: También se establecen normas para los sacerdotes y levitas, así como criterios para reconocer al verdadero profeta y rechazar la idolatría y las prácticas prohibidas. La parashá exige además que los asuntos judiciales sean establecidos mediante testigos confiables, evitando condenas basadas en acusaciones sin fundamento.
Tres ciudades de refugio: Las ciudades de refugio ofrecen protección a quien causa accidentalmente la muerte de otra persona, mostrando la diferencia entre homicidio intencional y accidental. También se establecen diversas leyes relacionadas con la guerra: ofrecer la paz antes del ataque, establecer quiénes deben quedar exentos del combate y evitar la destrucción innecesaria.
Ley Eglá Arufá: Eglá Arufá significa literalmente “becerra desnucada” o “becerra cuyo cuello es quebrado”. Es el procedimiento descrito en Devarim/Deuteronomio 21:1-9 cuando aparece una persona asesinada en el campo y no se conoce quién la mató. Este procedimiento destaca la responsabilidad de la comunidad y de sus líderes frente a la violencia.
En conjunto, Shoftim enseña cómo construir una sociedad donde la justicia, la autoridad, el discernimiento y la responsabilidad estén sometidos a la voluntad del Eterno. No se trata solamente de establecer leyes, sino de formar un pueblo capaz de vivir con justicia y fidelidad al entrar en la Tierra Prometida.
Reflexión final: Shoftim nos recuerda que la verdadera justicia comienza en el corazón. No se trata solamente de juzgar correctamente a los demás, sino de aprender a gobernarnos a nosotros mismos con verdad, humildad e integridad. Cuando nuestras decisiones están guiadas por la Torá y no por intereses personales, podemos ser instrumentos de justicia y bendición para nuestra familia, nuestra comunidad y quienes nos rodean. “Justicia, justicia perseguirás” (Devarim 16:20).
HAFTARÁ
La Haftará presenta un mensaje de consuelo y esperanza para Israel. El pueblo estaba viviendo momentos de temor y sufrimiento, y el Eterno le recuerda: “Yo, yo soy vuestro consolador” (51:12). El problema no era solamente lo que estaban viviendo, sino que el temor había comenzado a hacerles olvidar quién era el Eterno Por eso aparece repetidamente el llamado: “Despierta, despierta”. Yerushalayim debía levantarse, recuperar su identidad y recordar que el Eterno no la había abandonado. Finalmente llega la proclamación: “¡Tu Dios reina!” (52:7). La verdadera esperanza no está en las circunstancias, sino en saber que el Eterno continúa reinando y traerá restauración. La enseñanza para nosotros es clara: no permitamos que el temor o las circunstancias definan quiénes somos. Cuando el miedo nos hace mirar el problema, la Palabra nos llama a despertar, levantarnos y volver nuestros ojos al Eterno.
BRIT HADASHÁ
Presenta una advertencia seria acerca de la responsabilidad que existe cuando una persona conoce la voluntad del Eterno y, aun así, decide rechazarla. El autor recuerda que en la Torá, quien despreciaba deliberadamente la Ley de Moshé enfrentaba un juicio severo. Esto sirve como contraste para mostrar que rechazar conscientemente al Mesías y tratar como algo común su sacrificio es todavía más grave. No se está diciendo que la gracia haya reemplazado la obediencia. Al contrario, la gracia nos acerca al Eterno y nos lleva a vivir en fidelidad. Por eso el texto habla de quien “pisotea al Hijo de Dios”, considera profana la sangre del pacto y desprecia al Ruaj HaKodesh. La expresión “del Dios vivo” recuerda el lenguaje hebreo del Tanaj: el Eterno es un Dios vivo que ve, conoce y juzga con justicia. Por eso concluye con una frase solemne: “Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo.” La enseñanza no pretende producir miedo, sino reverencia. La misericordia del Eterno nunca debe convertirse en una excusa para vivir en rebeldía. Quien ha recibido la gracia está llamado a valorar el pacto, honrar al Mesías y caminar en obediencia. El Eterno es Dios de justicia, y nuestra respuesta a Su verdad tiene consecuencias.