LOS JUECES
La Parashá Shoftim aborda principalmente el tema de la justicia, destacando la necesidad fundamental de que todas las comunidades nombren jueces y líderes justos para administrar las leyes con equidad, honestidad y sin corrupción. Moshé instruye a los Hijos de Israel a designar jueces y oficiales en todas sus ciudades, quienes deben impartir justicia imparcial, sin favoritismos ni sobornos, ya que estos corrompen y distorsionan la verdad. El mandato “Justicia, justicia perseguirás” subraya la importancia de buscar la justicia con integridad para vivir en paz y poseer la tierra otorgada por HaShem.
Más allá del aspecto legal y social, la parashá tiene una enseñanza personal profunda; cada individuo debe “nombrar jueces” internos, desarrollando autodisciplina, conciencia moral y control emocional. Así como cada ciudad debe regirse por la justicia, cada persona debe gobernar sus pensamientos, palabras y acciones con rectitud para evitar el caos espiritual. La mente, representada por el valor numérico de la palabra hebrea “moaj” (48), simboliza el juez interior que debe establecer orden. Además, Shoftim aborda otros temas claves: los límites para un rey, funciones de sacerdotes, levitas y profetas, ciudades de refugio para homicidas involuntarios, prohibiciones contra idolatría, leyes de guerra, y el ritual del Eglá Arufá (cap 21:1-9), que refleja responsabilidad colectiva. En el plano espiritual, HaShem es el Juez Supremo, justo y misericordioso.
Durante el mes de Elul, cuando se lee esta parashá, se enfatiza la introspección y la teshuvá (arrepentimiento) para prepararse para el juicio divino en Rosh Teruah y Yom Kipur. HaShem ha delegado el juicio final a Su Hijo, el Mesías Yeshúa, tal como se describe en los Evangelios (Mateo 25, Juan 5:22). Yeshúa juzgará con justicia y severidad, demandando una vida de obediencia genuina y constante, no solo fe aparente u obras externas. Rabí Shaul (Pablo) también advierte en sus epístolas (como Hebreos 10 y Mateo 7) sobre la falsa seguridad espiritual, enfatizando que la salvación no se garantiza por meras palabras o creencias superficiales, sino por una vida comprometida con la justicia divina.
La parashá subraya la tensión entre justicia y misericordia en el juicio divino. Aunque HaShem es riguroso en justicia, ofrece oportunidades para el arrepentimiento y la compasión, como se muestra en ejemplos bíblicos donde la severidad se equilibra con gracia, por ejemplo, en la historia de la mujer sorprendida en adulterio, donde Yeshúa dice: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más”. El llamado final es a vivir con temor reverente, evaluando constantemente la vida para reflejar el orden divino en lo personal y social. Así, siguiendo las enseñanzas de Yeshúa en el Sermón del Monte, la Torá no fue abolida sino confirmada y elevada a su máxima expresión espiritual, invitándonos a gobernarnos con justicia interior para manifestar la voluntad de HaShem en el mundo.
HAFTARÁ
Esta Haftará es un mensaje poderoso de esperanza, fe y transformación. Nos invita a no temer las dificultades, a despertar espiritualmente y confiar en la justicia y misericordia divina que finalmente restaurarán a Israel y al mundo. El texto nos llama a la acción interna y externa: prepararnos para la redención personal y colectiva. El profeta Isaías consuela al pueblo de Israel, recordándoles que HaShem es su redentor y protector. Habla sobre la restauración de Sion, la liberación de la esclavitud, y el llamado a despertar y fortalecerse. Se describen imágenes de liberación, el fin del sufrimiento y la llegada de un tiempo de salvación y justicia. HaShem anima al pueblo a no temer y a confiar en su poder. La liberación y el despertar pueden entenderse como una referencia no solo a la liberación histórica de Babilonia, sino también a la venida del Mesías y la restauración espiritual definitiva del pueblo judío y la humanidad. El “despertar” sugiere también un llamado a la conciencia espiritual y al renacimiento del alma. Los sabios ven en este pasaje un mensaje profundo sobre la justicia divina y la relación entre HaShem y Su pueblo. La idea de “levantar la voz” y “no temer” refleja el llamado a la firmeza y la fe incluso en tiempos de adversidad. El sufrimiento del exilio no es eterno; es una prueba para purificar y fortalecer al pueblo.
¿Por qué es importante “despertar”?: Porque a veces podemos estar distraídos o tristes, y HaShem quiere que abramos los ojos y el corazón para ver su ayuda y amor. Cuando despertamos, podemos ser mejores personas y ayudar a otros.
¿Qué nos dice sobre el futuro?: Que HaShem va a traer un tiempo muy bueno para todos, donde habrá paz y alegría. Ese tiempo llegará porque HaShem es justo y cumple sus promesas. HaShem cuida de nosotros, quiere que no tengamos miedo y que confiemos en Él. Aunque pasemos momentos difíciles, Él siempre está ahí para ayudarnos y guiarnos hacia un futuro feliz. Por eso, debemos despertar nuestro corazón, ser valientes y seguir a HaShem.
BRIT HADASHÁ
Nos muestra a Esteban hablando desde una profunda comprensión de la historia y teología hebrea, usando las Escrituras para confrontar a su audiencia sobre su rechazo a Jesús como Mesías. Su discurso vincula el rechazo histórico a Moshé y los profetas con el rechazo contemporáneo a Jesús, evidenciando un patrón repetitivo en la relación de Israel con HaShem.
La acusación final provoca la furia porque Esteban revela una verdad incómoda, desafiando el sentido de identidad y misión del pueblo judío en ese momento. Para el judaísmo, Moshé es el mayor profeta y el mediador entre HaShem y el pueblo. Esteban subraya que Moshé fue enviado por HaShem “por los ángeles en la mano de un mediador”, reflejando la idea judía del Sinaí como lugar sagrado donde HaShem entregó la Torá (Deuteronomio 33:2; Éxodo 19).
La idolatría con el becerro de oro es un punto crucial en la historia judía. Esteban critica que, aunque HaShem entregó la ley y el pacto, Israel frecuentemente regresó a prácticas idólatras, incluyendo la adoración de Moloch y la “estrella de Renef” (probablemente una referencia a una divinidad o símbolo egipcio/sirio). Esto muestra la tensión entre la pureza monoteísta y las influencias externas.
El tabernáculo es clave en la adoración hebrea, pues representa el lugar visible de la presencia de HaShem (Shejiná). Sin embargo, Esteban señala que el pueblo no “habitó” en él realmente, lo que puede interpretarse como una crítica a la falta de verdadera comunión espiritual con HaShem, a pesar de tener el lugar sagrado. Los profetas, figuras muy respetadas en la tradición hebrea, anunciaban la venida de un Redentor o Mesías (Mashíaj). Esteban acusa a sus oyentes de ser “traidores y homicidas” por rechazar y matar a estos mensajeros, lo que se enlaza con la idea hebrea de fidelidad a la Torá y a los profetas. Esteban utiliza este argumento para recalcar la gravedad del rechazo a la ley. El Espíritu de HaShem (Ruaj HaKodesh) es la presencia activa de HaShem en el mundo y en su pueblo. La resistencia a este Espíritu indica la continua ceguera espiritual del pueblo y la repetición de la historia de rechazo.