EL SERVICIO
El “octavo día” (Un nuevo comienzo espiritual): “Sheminí” significa “octavo”, y se refiere al día siguiente a los siete días de inauguración del Mishkán (el Santuario). La parashá Sheminí es una de las más intensas de toda la Torá, porque mezcla momentos de máxima elevación espiritual con una tragedia impactante. (La cercanía a Dios exige responsabilidad, precisión y humildad). Moshé convoca a Aharón, a sus hijos y a los ancianos de Israel, y da instrucciones para presentar ofrendas: sacrificios por el pecado, holocaustos y ofrendas de paz, tanto por Aarón como por el pueblo. Aharón realiza el servicio conforme a lo indicado, ofreciendo los sacrificios en el altar. Luego bendice al pueblo. Después, él y Moshé entran en la Tienda de Reunión y al salir vuelven a bendecir al pueblo. Entonces la gloria de HaShem se manifiesta ante todo el pueblo, y un fuego sale de delante de HaShem y consume las ofrendas sobre el altar. El pueblo ve esto, se alegra y se postra rostro en tierra.
Nadav y Avihú: Posteriormente, los hijos de Aharón, Nadav y Avihú, toman cada uno su incensario, colocan fuego en ellos y ofrecen incienso con un fuego que no les fue ordenado. buscan acercarse a HaShem con una ofrenda que no fue ordenada. Entonces sale fuego de delante de HaShem y los consume, y mueren delante de HaShem. Moshé habla a Aharón y a sus otros hijos, Eleazar y Itamar, dándoles instrucciones sobre cómo continuar el servicio y sobre las normas de duelo. Los cuerpos de Nadav y Avihú son retirados del campamento por sus parientes.
El silencio de Aharón: Lo que sigue es aún más profundo. Después de la muerte de sus hijos, el texto dice: “Y Aharón guardó silencio”. (Este silencio no es indiferencia, sino una forma de: aceptar lo incomprensible, sostener la fe en medio del dolor). No hay protesta ni explicación. Ese silencio representa una forma de fe que no depende de entenderlo todo. No es resignación vacía, sino una aceptación consciente de que lo divino supera la lógica humana.
Prohibición del vino en el servicio: HaShem ordena que los sacerdotes no sirvan bajo efectos del vino. No se trata solo de sobriedad física, sino de: claridad mental, responsabilidad, conciencia plena en lo sagrado.
Las leyes de Kashrut: distinguir lo puro de lo impuro: La parashá termina con las leyes alimentarias (kashrut), donde se clasifican los animales permitidos y prohibidos. La distinción entre lo permitido y lo prohibido no es solo una regla externa, sino un entrenamiento interno. Más allá de lo dietético, esto enseña, la capacidad central del ser humano es discernir. No todo lo que existe es apropiado. La santidad se construye en decisiones cotidianas, incluso al comer.
¿Qué nos enseña la parashá? La parashá plantea algo muy exigente, acercarse a HaShem no es cuestión de intensidad emocional ni de iniciativa personal, sino de equilibrio entre deseo, límite y conciencia. El impulso espiritual es necesario, pero debe estar guiado por el Ruaj, la cercanía es posible, pero no improvisada y la santidad no se alcanza solo en lo extraordinario, sino en la fidelidad a lo cotidiano.
HAFTARÁ
Se lleva el Arca a Jerusalén: El pasaje describe el traslado del Arca del Pacto hacia la ciudad de Jerusalén durante el reinado de David. David reúne a miles de hombres escogidos de Israel para traer el Arca desde la casa de Abinadab, donde había permanecido por un tiempo. El Arca es colocada en un carro nuevo y es guiada por Uzá y Ajió, hijos de Abinadab, mientras el pueblo acompaña con música, cantos e instrumentos. En el camino, al llegar a un punto donde los bueyes tropiezan, Uzá extiende su mano para sostener el Arca. En ese momento, Dios se enciende en ira contra él y muere allí mismo. David se entristece y se llena de temor, por lo que decide no llevar el Arca a Jerusalén en ese momento, sino dejarla en la casa de Obed-edom, donde permanece durante tres meses. Durante ese tiempo, la casa de Obed-edom es bendecida.
Los que llevaban el Arca: Al saber esto, David retoma el traslado del Arca hacia Jerusalén, esta vez con mayor cuidado. Aquellos que la transportan avanzan y, después de dar ciertos pasos, se ofrecen sacrificios.
David danzaba: David danza con gran intensidad delante de Dios, vestido con un efod de lino, mientras todo el pueblo participa con alegría, sonido de trompetas y celebración.
El Arca entra finalmente en Jerusalén y es colocada en el lugar preparado para ella. Se ofrecen holocaustos y sacrificios de paz. David bendice al pueblo en el nombre de HaShem y distribuye alimento entre todos, hombres y mujeres, entregando pan, carne y tortas. Luego todo el pueblo regresa a sus casas
BRIT HADASHÁ
La impureza sale del corazón: “Los Perushim y algunos de los maestros de la Toráh, quienes habían venido de Yerushalayim se unieron junto a Yeshúa; y vieron que algunos de los talmidim comían con las manos ritualmente impuras, esto es sin hacer la netilat-yadayim.”
Los Perushim: eran un grupo dentro del pueblo judío en la época del Segundo Templo, conocidos en español como fariseos. Su nombre proviene de una raíz hebrea que implica “separados” o “apartados”, en el sentido de dedicarse a una vida de pureza y fidelidad a la Ley.
El pasaje describe un encuentro entre Yeshúa y algunos fariseos y escribas que habían venido de Jerusalén. Ellos observan que algunos de los discípulos comen el pan con manos que consideran impuras, es decir, sin realizar el lavado ritual conforme a la tradición de los ancianos. Los fariseos y muchos judíos practicaban lavamientos ceremoniales antes de comer y al regresar del mercado, así como otras purificaciones de utensilios. Los fariseos y escribas cuestionan a Yeshúa preguntando por qué sus discípulos no siguen estas tradiciones. Yeshúa les responde citando al profeta Isaías, diciendo que el pueblo honra a Dios con los labios, pero su corazón está lejos. Declara que enseñan como doctrinas mandamientos de hombres y que dejan el mandamiento de HaShem para aferrarse a tradiciones humanas. Luego menciona ejemplos de cómo algunas prácticas, como declarar bienes como “ofrenda” (korbán), podían ser usadas para evitar ayudar a los padres, anulando así el mandamiento de honrar al padre y a la madre. Después, Yeshúa llama a la multitud y enseña que nada que entra en el hombre desde afuera puede contaminarlo, porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y luego es eliminado. Más adelante, al estar en casa con sus discípulos, explica que lo que sale del interior del ser humano es lo que lo hace impuro.
Enumera lo que procede del corazón: malos pensamientos, inmoralidad sexual, robos, homicidios, adulterios, codicia, maldad, engaño, desenfreno, envidia, blasfemia, orgullo e insensatez. Afirma que todas estas cosas salen de dentro y son las que contaminan a la persona.