PINJÁS
La parashá relata un momento decisivo en la historia del pueblo de Israel, cuando la generación que salió de Egipto está llegando a su fin y comienza la preparación para la entrada a la tierra prometida. El relato se inicia después de la crisis ocurrida en Shitim, donde muchos israelitas se apartaron del pacto al unirse a la idolatría y a prácticas prohibidas. Pinjás, hijo de Elazar y nieto de Aarón, actuó con celo para detener la profanación que se había extendido en el campamento. Como consecuencia, HaShem declara que su acción detuvo la plaga que estaba destruyendo al pueblo y le concede un pacto de paz y un sacerdocio perpetuo para él y sus descendientes.
- Segundo censo de Israel: Después de estos acontecimientos, HaShem ordena realizar un nuevo censo de los hijos de Israel. Este censo tiene como propósito registrar a la nueva generación que heredará la tierra de Canaán, pues la generación que había salido de Egipto prácticamente había desaparecido durante los años del desierto, tal como había sido decretado anteriormente. Se cuentan las tribus, se registran sus familias y se establece que la distribución de la tierra se realizará en proporción al número de integrantes de cada tribu, manteniendo un equilibrio entre el tamaño de la población y la herencia asignada.
- Leyes de la heredad: En medio de este proceso aparece el caso de las hijas de Tzelofjad: Majlá, Noá, Joglá, Milcá y Tirtzá. Ellas se presentan ante Moshé, los sacerdotes y toda la congregación para solicitar la herencia de su padre, quien había muerto sin dejar hijos varones. Su petición plantea una situación que no había sido contemplada anteriormente. Moshé presenta el caso delante de HaShem, quien confirma que la petición de las hijas es justa y establece nuevas normas legales sobre la herencia en Israel, determinando el orden sucesorio cuando un hombre fallece sin descendencia masculina.
- Yehoshúa/Josué, el próximo líder de Israel: A continuación, HaShem le ordena a Moshé subir a una montaña desde donde podrá contemplar la tierra prometida, aunque se le anuncia que no entrará en ella debido a los acontecimientos ocurridos en las aguas de Merivá. Ante esta noticia, Moshé no expresa preocupación personal, sino que ruega a HaShem que designe un líder que pueda conducir al pueblo, para que Israel no quede como un rebaño sin pastor. HaShem responde señalando a Yehoshúa bin Nun, hombre de espíritu, como sucesor de Moshé. Se ordena que Yehoshúa sea presentado ante Elazar el sacerdote y ante toda la congregación, y que Moshé le transfiera parte de su autoridad para que el pueblo reconozca su liderazgo y continúe bajo una dirección legítima y estable.
- Sistema detallado de ofrendas: La última parte de la parashá está dedicada a establecer de forma detallada el sistema de las ofrendas públicas que Israel debía presentar regularmente ante HaShem. Primero se describen las ofrendas diarias, conocidas como el sacrificio continuo, que debían ofrecerse cada mañana y cada tarde. Luego se añaden las ofrendas especiales correspondientes al día de Shabat y a cada comienzo de mes, marcando el ritmo sagrado del tiempo dentro de la vida nacional de Israel. Posteriormente se enumeran las ofrendas de las festividades establecidas en el calendario sagrado. Se detallan las ofrendas de Pésaj y de la festividad de los Panes sin Levadura, recordando la salida de Egipto y la redención del pueblo. Después se presentan las ofrendas de Shavuot, la festividad de las primicias y de la cosecha. Más adelante se describen las ofrendas de Yom Teruá, el día del toque del shofar; de Yom Kipur, el día de la expiación y del arrepentimiento; y finalmente las numerosas ofrendas correspondientes a Sukot, la festividad de las cabañas, culminando con la celebración solemne del último día festivo. A lo largo de toda la parashá se observa la transición entre dos generaciones: una generación que concluye su misión y otra que se prepara para asumir la responsabilidad del pacto. Se establecen principios de liderazgo, justicia, herencia, servicio sacerdotal y adoración comunitaria, consolidando la organización espiritual, social y nacional del pueblo de Israel antes de su entrada en la tierra prometida. La parashá presenta así un momento de continuidad y renovación, en el que se asegura la permanencia del pacto, la transmisión de la autoridad y la preservación del orden sagrado establecido para Israel.
HAFTARÁ
Llamado del profeta Yirmiyahu/Jeremías: La haftará inicia presentando a Yirmiyahu, hijo de Hilquiyahu, un sacerdote de Anatot, quien recibe el llamado de HaShem en tiempos de los reyes de Judá. Aunque el joven profeta expresa temor e inseguridad por considerar que carece de experiencia, HaShem le asegura que su elección fue establecida desde antes de su nacimiento. El Eterno toca su boca y pone Sus palabras en ella, encomendándole la misión de anunciar juicio y esperanza para las naciones, con autoridad para arrancar, destruir, edificar y plantar.
Las primeras visiones y el mensaje profético: HaShem confirma la misión de Yirmiyahu mediante dos visiones. En la primera, el profeta contempla una rama de almendro, símbolo de que HaShem vela constantemente para cumplir Su palabra. En la segunda, observa una olla hirviendo inclinada desde el norte, anunciando que desde esa dirección vendrá el juicio sobre Judá debido a su idolatría y a su abandono del pacto. A pesar de la oposición que enfrentará, HaShem fortalece a Yirmiyahu y le promete estar a su lado para sostenerlo y librarlo.
El amor del pacto y el llamado al arrepentimiento: La haftará continúa recordando el amor de los primeros días de Israel, cuando el pueblo seguía a HaShem con fidelidad durante su caminar por el desierto. El Eterno describe a Israel como las primicias de Su cosecha, un pueblo apartado para Él y objeto de Su protección. Este recuerdo del compromiso inicial sirve como un llamado a reconocer la fidelidad de HaShem y a regresar al pacto, antes de que las consecuencias de la infidelidad y la idolatría alcancen plenamente a la nación.
BRIT HADASHÁ
Yeshúa purifica el templo: El relato de Evangelio de Juan muestra a Yeshúa subiendo a Jerusalén durante la festividad de Pésaj. Al llegar al Templo, observa que el espacio sagrado destinado a la adoración de HaShem ha sido convertido en un lugar de comercio y explotación. Con celo por la santidad del lugar, expulsa a los vendedores y cambia monedas, y derriba las mesas, recordando que la Casa de HaShem debe ser una casa de oración y no un lugar de abuso. Este acto se entiende como una respuesta profética dentro de la tradición de Israel, en continuidad con el celo por la pureza del servicio divino que también se ve en figuras como Pinjás y los profetas. Los talmidim recuerdan el versículo que dice que el “celo por la Casa de HaShem consume al justo”. Las autoridades del Templo cuestionan su acción y le piden una señal que justifique lo que ha hecho. Yeshúa responde de manera simbólica, diciendo que, si destruyen “este templo”, él lo levantará en tres días. Sus interlocutores interpretan sus palabras literalmente como una referencia al edificio del Templo físico, pero el texto aclara que él hablaba del “templo de su cuerpo”. El pasaje concluye señalando que, tras su resurrección, los talmidim comprendieron el significado de estas palabras y creyeron tanto en la Escritura como en la palabra que Yeshúa había dicho, entendiendo el vínculo entre su persona y la renovación del acceso a la presencia divina.