PARASHÁ NOAJ
NOAJ ¿BASTA CON SALVARNOS NOSOTROS?: La Torá nos presenta a Noaj como un hombre justo e íntegro que caminaba con Elohim (Génesis 6:9). Vivía en una generación corrompida por la violencia y el mal, pero HaShem lo escogió para preservar la vida y comenzar una nueva etapa para la humanidad.
El diluvio fue un juicio sobre aquella corrupción, pero también representó la posibilidad de un nuevo comienzo. Noaj recibió instrucciones precisas para construir el arca, salvar a su familia y preservar a los animales. Sin embargo, esta historia nos plantea una pregunta incómoda: ¿basta con ser justos nosotros y salvar a nuestra familia, mientras permanecemos indiferentes ante quienes se están perdiendo?
EL ARCA Y LA PALABRA DEL ETERNO: En hebreo, el arca se llama tevá, palabra que también puede significar «palabra». Esta conexión nos invita a reflexionar sobre la importancia de refugiarnos en la instrucción del Eterno para atravesar las tormentas de la vida.
Pero hay algo más: el arca no se construyó cuando comenzó a llover; se construyó antes. La obediencia de Noaj preparó a su familia para enfrentar el juicio.
Después del diluvio, HaShem estableció un pacto con Noaj y con toda la humanidad, cuya señal sería el arco iris (Génesis 9:8-17). Además, la tradición judía identifica siete preceptos universales, conocidos como las Sheva Mitzvot Bnei Noaj, que establecen principios fundamentales para una convivencia justa y respetuosa de la vida. La enseñanza es clara, el Eterno no solo desea preservar la vida, sino también orientar a la humanidad hacia el bien.
NOAJ Y LA RESPONSABILIDAD POR LOS DEMÁS: Algunos comentarios de nuestros sabios contrastan a Noaj con Abraham. Noaj obedeció y salvó a su familia, pero el relato no registra una intercesión suya por el resto de su generación. Abraham, en cambio, intercedió incluso por los habitantes de Sodoma (Génesis 18:23-32). No significa que la Torá declare expresamente culpable a Noaj por su silencio; es una reflexión de nuestros sabios que nos invita a ir más allá de nuestra propia salvación. Podemos cumplir, obedecer y cuidar nuestra casa, pero ¿qué hacemos por quienes están alejados del Eterno? ¿Oramos por ellos? ¿Les ofrecemos ayuda? ¿Les mostramos un camino diferente?. La historia de Noaj nos recuerda que la justicia no debe convertirse en indiferencia y que la fe también debe despertar nuestra responsabilidad hacia los demás.
YESHÚA (NOS INVITA A ACERCARNOS A QUIENES NECESITAN AYUDA): En Marcos 2:17, Yeshúa declara: «No he venido a llamar a justos, sino a pecadores». Yeshúa no se alejaba de quienes necesitaban cambiar; se acercaba a ellos para enseñarles y llamarlos al arrepentimiento. No justificaba el pecado, pero tampoco consideraba que el pecador estuviera fuera del alcance de la misericordia del Eterno. Esta actitud nos recuerda las palabras de David: “Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti” (Salmo 51:13).
Abraham intercedió, Moshé rogó por su pueblo, Ester arriesgó su vida y Yojanán el Inmersor anunció una tevilá de arrepentimiento. Cada uno nos muestra una manera de actuar en favor de otros.
La parashá Noaj nos invita a construir nuestras propias «arcas»: hogares firmes, familias fundamentadas en la Torá y vidas preparadas para resistir las tormentas. Pero también nos recuerda que no debemos cerrar la puerta a quienes necesitan orientación, consuelo o una oportunidad para comenzar de nuevo.
No podemos salvar al mundo entero, pero podemos interceder por alguien, ayudar al necesitado, enseñar con amor y acercarnos a quien se ha apartado.
La pregunta final no es solamente: ¿Estoy caminando con HaShem?, sino también: ¿A quién estoy ayudando a caminar con Él?».
Que el Eterno nos conceda la obediencia de Noaj, el corazón intercesor de Abraham y la compasión que vemos en Yeshúa, para que nuestra fe no sea únicamente un refugio para nosotros, sino también una luz para los demás.
HAFTARÁ
El Eterno anuncia restauración, consuelo y esperanza para su pueblo. Aunque haya experimentado dolor y abandono, volverá a florecer, porque su misericordia no se apartará de él. En Isaías 54:9-10, compara su compromiso con el pacto establecido con Noaj: así como prometió que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra, afirma que su pacto de paz permanecerá.
En el capítulo 55, el Eterno invita a todos los que tienen sed a acercarse a Él gratuitamente, escuchar su Palabra y recibir vida.
Enseñanza central de la haftara es que, así como después del diluvio el Eterno abrió un nuevo comienzo para la humanidad, también promete restauración a quienes vuelven a Él. Su juicio no tiene la última palabra: su misericordia y su fidelidad ofrecen esperanza y vida.
BRIT HADASHÁ
Yeshúa compara los días de Noaj con el tiempo de su venida. Dice que las personas comían, bebían y se casaban, hasta que llegó el diluvio y no comprendieron lo que estaba sucediendo hasta que fue demasiado tarde. ¿Acaso comer, beber y casarse eran cosas malas? ¡Por supuesto que no! El problema era que vivían concentrados en su vida cotidiana, como si nada fuera a suceder. Estaban tan ocupados con sus asuntos que no percibieron la gravedad del tiempo que estaban viviendo. Mientras tanto, Noaj construía el arca. Su fe no consistía solamente en creer que el Eterno cumpliría su palabra, sino en actuar de acuerdo con ella, aunque los demás no comprendieran lo que estaba haciendo.
Aquí encontramos una enseñanza profunda: podemos estar tan ocupados viviendo que terminemos olvidando para qué vivimos. Podemos trabajar, formar una familia, hacer planes y atender nuestras responsabilidades, pero descuidar nuestra relación con el Eterno, nuestra integridad y nuestra preparación espiritual.
Yeshúa no nos invita a vivir con miedo, ni a abandonar nuestras responsabilidades, sino a vivir despiertos espiritualmente. Estar preparados no significa conocer la fecha de su venida, sino procurar que, cuando llegue ese día, nos encuentre caminando en obediencia, con una fe verdadera y una vida coherente con lo que decimos creer. No podemos esperar a que llegue una crisis para buscar al Eterno, restaurar nuestra familia, pedir perdón o corregir nuestro camino.
La pregunta no es solamente si creemos que Yeshúa volverá, sino cómo estamos viviendo mientras lo esperamos. Porque la verdadera preparación no comienza cuando aparecen las señales de la tormenta; comienza hoy, con las decisiones que tomamos cuando todavía hay tiempo. Por eso, las palabras de Yeshúa nos confrontan: ¿Estamos construyendo nuestra vida sobre la obediencia al Eterno o estamos tan absorbidos por las cosas de este mundo que hemos dejado para después lo verdaderamente importante?