LEYES SOCIALES
La parashá Mishpatím aparece inmediatamente después de la entrega de Aséret HaDibrót (Los Diez Enunciados, Las Diez Palabras o Las Diez Declaraciones), expresión que más tarde fue interpretada como “Los Diez Mandamientos”. Esto enseña que la revelación divina no termina en el Sinaí, sino que continúa en la vida cotidiana. Tras los grandes principios espirituales, la Torá presenta leyes prácticas que regulan la convivencia entre las personas. La parashá comienza con las palabras “VeEle Hamishpatim” (“Y estas son las leyes”), y Rashi explica que esta expresión indica continuidad con lo anterior: así como los Aséret HaDibrót fueron entregados en el Sinaí, estas leyes también lo fueron. De este modo, la Torá equipara el respeto debido a HaShem con el respeto que debemos al prójimo y a toda persona bajo nuestra responsabilidad. Mishpatím presenta normas sobre relaciones humanas, daños, responsabilidades y justicia social. Aunque pueden parecer leyes técnicas, su objetivo es construir una sociedad basada en la dignidad humana, la responsabilidad personal y la sensibilidad hacia el otro. Las primeras leyes se refieren al esclavo hebreo. En una época en la que la esclavitud era común, la Torá estableció límites claros y derechos avanzados para su tiempo.
El esclavo conserva su dignidad, al punto de que el Talmud afirma que quien compra un esclavo es como si adquiriera un patrón para sí mismo. El amo debe compartir su comida, priorizar sus necesidades y compensarlo generosamente al finalizar su servicio. Muchas leyes tratan sobre daños y negligencia, enseñando que cada persona es responsable de las consecuencias de sus actos. Asimismo, la Torá pone un fuerte énfasis en la protección de los más vulnerables —el extranjero, la viuda, el huérfano y el pobre— y en una justicia basada en la verdad, sin sobornos ni favoritismos. Mishpatím también incluye leyes sobre el Shabat y las festividades, mostrando que no existe separación entre lo ético y lo religioso. Al final de la parashá, el pueblo de Israel acepta el pacto diciendo “naasé venishmá”, “haremos y escucharemos”, expresando que el compromiso con la Torá comienza con la acción. Primero se vive y luego se comprende; la fe se demuestra en los hechos.
Enseñanza: Mishpatím enseña que la santidad se construye en lo cotidiano, que la justicia es una forma de servir a HaShem y que una vida espiritual auténtica se refleja en responsabilidad, honestidad y cuidado del prójimo. La presencia divina no se encuentra solo en momentos extraordinarios, sino en cada acto justo y en cada decisión ética.
HAFTARÁ
El relato en II Reyes, muestra cómo el liderazgo piadoso puede transformar una sociedad. Yoash y Yehoyadá establecen transparencia en el uso de los recursos destinados al Templo, reflejando una administración guiada por la rectitud. La reconstrucción del santuario se convierte en un acto de justicia práctica y de responsabilidad ante Hashem.
De manera paralela, Mishpatim regula la conducta diaria entre las personas: justicia en los juicios, equidad con los siervos, cuidado de los débiles y respeto por la propiedad ajena. Tanto en el reinado de Yoash como en las leyes de Mishpatim, la justicia no es una idea abstracta, sino una expresión concreta del pacto. Servir a Hashem implica construir una sociedad donde la integridad y la reparación sean pilares visibles del Reino.
BRIT HADASHÁ
Yeshúa es cuestionado por fariseos y escribas porque sus discípulos comen sin realizar el lavado ritual de manos según la tradición. La respuesta de Yeshúa no rechaza la Torá, sino que señala un problema de prioridades. Muestra cómo ciertas tradiciones pueden usarse para evitar cumplir mandamientos esenciales, como honrar a los padres, mencionando el caso del korbán. El conflicto no es la tradición, sino cuando esta reemplaza la responsabilidad moral. Al citar al profeta Yeshayahu (Isaias) “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de Mí”, Yeshúa enseña que una vida religiosa puede volverse externa y vacía. En la mirada hebrea, el corazón es el centro de la voluntad y las decisiones; sin una intención correcta, el acto religioso pierde su sentido. Yeshúa explica luego que no es lo que entra en la boca lo que hace impuro al ser humano, sino lo que sale de ella. No niega las leyes de la Torá, sino que enfatiza que la verdadera impureza nace en el interior y se manifiesta en palabras y acciones dañinas. El pasaje concluye enseñando que la fidelidad a HaShem se mide por la coherencia entre corazón, palabra y conducta. Una vida espiritual auténtica no se define solo por prácticas externas, sino por justicia, honestidad y cuidado del prójimo, en plena sintonía con la Torá y los profetas.