YOSEF, EL ELEGIDO
Vemos la continuación de la vida de Yosef, quien estaba siendo llevado por un proceso conforme a la voluntad de Hashem. No era un proceso solo para él, sino también para todos los que lo rodeaban: su padre, sus hermanos y su familia. Todos atravesaban situaciones difíciles que no podían comprender en ese momento, pero el Eterno siempre tiene un propósito en cada circunstancia, aunque muchas veces nosotros no logremos entenderlo.
En la parashá Miketz aprendemos que Hashem nunca se olvida de Sus hijos. Aunque Yosef pasó muchos años en la cárcel y parecía estar olvidado, cada etapa de su vida tenía un propósito. (A veces no entendemos lo que vivimos, pero Hashem usa incluso las dificultades para prepararnos para algo mayor).
El faraón tuvo sueños con vacas gordas y flacas, y con espigas buenas y secas. Nadie pudo explicarlos, hasta que Yosef fue llamado. Yosef no dijo “yo puedo”, sino que reconoció que Hashem es quien da la respuesta. Él explicó que vendrían siete años de abundancia seguidos por siete años de hambre, y que los sueños se repitieron porque el mensaje era firme y seguro. Todo lo que Yosef había vivido lo había preparado para ese momento. El faraón vio que la sabiduría de Hashem estaba en Yosef y lo nombró segundo al mando de Egipto. En un solo día, Yosef pasó de prisionero a líder, pero ese cambio externo fue rápido porque el cambio interior había tomado años. Yosef no se llenó de orgullo; usó el lugar que Hashem le dio para ayudar a muchas personas y salvar vidas.
Cuando llegó el tiempo de hambre, incluso los hermanos de Yosef fueron a Egipto a buscar alimento sin reconocerlo. Aunque Yosef había sufrido mucho por causa de ellos, Hashem había usado todo para bien. A pesar de todo el sufrimiento, El Eterno tenía el plan para su vida: la exaltación después de la humillación, recordemos la palabra “gamzu letova”, “todas las cosas nos ayudan para bien”. La Brit Hadasha nos dice en 1 tesalonicenses 5:18 Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Elohim para con vosotros en el Mesías Yeshua.
La historia de Yosef nos muestra que Hashem puede levantar a alguien después del sufrimiento y convertir las pruebas en bendición. Así como Yosef fue rechazado y luego exaltado para traer salvación, también el Mesías Yeshúa fue rechazado, pero Hashem lo levantó para bendecir y salvar a muchos. Este relato nos enseña a confiar en Hashem aun cuando no entendemos lo que pasa, a recordar que Él ve nuestro valor, aunque otros no lo vean, y a usar lo que recibimos para ayudar a los demás.
HAFTARÁ
Hashem llama a Tsión a regocijarse, porque Él mismo promete habitar en medio de Su pueblo. No es por la fuerza humana ni por el poder político que Israel será restaurado, sino por la presencia viva de Hashem obrando en medio de ellos. Zacarías anuncia que muchas naciones se unirán a Hashem, y que Él será reconocido como Rey, afirmando que Su propósito se cumple cuando el corazón del pueblo se rinde a Su voluntad.
En Zacarías 4, la visión de la menorá y el mensaje a Zerubavel revelan una verdad central: “No es con ejército ni con fuerza, sino con Mi Espíritu, dice Hashem”. Las grandes montañas que parecen impedir el avance del pueblo se allanan cuando Hashem dirige la obra. Lo que comienza bajo Su llamado será también completado por Su mano.
- Idea central: Hashem no busca logros basados en poder humano, sino corazones dispuestos a depender de Su Espíritu. La verdadera restauración, liderazgo y victoria nacen cuando reconocemos que Él habita en medio de Su pueblo y guía cada paso.
- Reflexión: Yeshúa encarna esta promesa: Él vino con humildad, no con poder terrenal, y nos mostró que el Reino de Hashem se establece por el Espíritu, el amor y la obediencia. Así como la menorá ardía continuamente, Yeshúa nos llama a ser luz, no por nuestra fuerza, sino por la vida de Hashem en nosotros.
- Aplicación práctica: Confiemos en Hashem cuando enfrentemos obstáculos que parecen montañas. Sirvamos con humildad, sabiendo que Él obra a través de nosotros. Reconozcamos a Yeshúa como el Rey que nos guía, y permitamos que el Espíritu de Hashem dirija nuestras decisiones para bendición de otros y gloria de Su Nombre.
BRIT HADASHÁ
Este pasaje forma parte del discurso de Esteban ante el Sanedrín (Hechos 7). Esteban repasa la historia de Israel para mostrar la continuidad del plan de HaShem y la resistencia de Israel a sus profetas. Se centra en Yosef como modelo de providencia divina y fidelidad, enfatizando cómo HaShem usa circunstancias difíciles para cumplir sus propósitos.
Esteban recuerda que Yosef fue vendido por sus hermanos y llevado a Egipto, donde HaShem estuvo con él, lo libró de sus angustias y le dio gracia y sabiduría ante Faraón, quien lo exaltó como gobernador. Cuando llegó la hambruna en la tierra, Yosef proveyó alimento a su familia, reuniéndola finalmente en Egipto y asegurando su preservación.
Desde una perspectiva mesiánica, esta historia prefigura a Yeshúa. Así como Yosef fue traicionado por sus hermanos y sufrió, Yeshúa fue entregado y crucificado por su pueblo. La presencia de HaShem con Yosef anticipa la encarnación de Yeshúa como Emmanuel, y su exaltación para salvar refleja la glorificación de Yeshúa y su obra redentora. La hambruna simboliza la necesidad espiritual del mundo, y la provisión de Yosef representa la salvación que Yeshúa ofrece. La reunión y preservación de la familia de Yosef apuntan a la promesa de unidad y herencia en Yeshúa, mientras que la sepultura de Jacob en Siquem recuerda que, aunque la vida terrenal termina, la herencia de HaShem es eterna. Todo el pasaje muestra cómo HaShem obra a través de las dificultades para cumplir su propósito de salvación, y cómo el sufrimiento y la fidelidad de su siervo llevan a la exaltación y a la vida para muchos. La historia de Yosef (Bereshit 37–50) es un tipo de Yeshúa, una figura que prefigura la vida y misión del Mesías.