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Comunidad Shalom Ubrajot (C.S.U)

PARASHÁT HASHAVUA

Porción Semanal de la Torá

פרשת השבוע

Boletín Informativo

#164

5787 [2026-2027]

Yeshua dijo: "No piensen que he venido para anular la Torá o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir"

Lecturas de la Parashá

Torá: Bereshit 12:1 - 17:27
Haftará: Yeshayahu (Isaías) 40:27 - 41:16
Brit HaDashá: Romanos 3:19 - 5:6

Boletín Informativo

#164

5787 [2026-2027]

PARASHÁT HASHAVUA

Porción Semanal de la Torá

פרשת השבוע

Yeshua dijo: "No piensen que he venido para anular la Torá o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir"

Lecturas de la Parashá

Torá: Bereshit 12:1 - 17:27
Haftará: Yeshayahu (Isaías) 40:27 - 41:16
Brit HaDashá: Romanos 3:19 - 5:6

PARASHÁ LEJ-LEJÁ

Lej Lejá significa «Vete» o, según una interpretación tradicional, «Ve hacia ti mismo». El Eterno le dijo a Abram: «Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré» (Génesis 12:1).

Este llamado no consistía solamente en abandonar un lugar, sino en dejar atrás sus seguridades, sus costumbres y todo aquello que pudiera impedirle caminar en fidelidad a HaShem.

Rabí Menajem Mendel de Kotzk enseñaba que el viaje esencial del ser humano es hacia su propia esencia, hacia aquello que debe llegar a ser delante del Creador. En ocasiones, para crecer espiritualmente, necesitamos salir de nuestra zona de comodidad y permitir que HaShem transforme nuestra manera de pensar y vivir.

Abram obedeció sin saber adónde iba. Hebreos 11:8 destaca su fidelidad al responder al llamado. HaShem le prometió hacer de él una gran nación y convertirlo en bendición para todas las familias de la tierra (Génesis 12:2-3).

Abram llegó a Canaán acompañado de Saraí y su sobrino Lot. Allí edificó un altar e invocó el nombre de HaShem. Sin embargo, pronto enfrentó una hambruna y descendió a Egipto (Génesis 12:10).

Esta decisión fue objeto de debate entre nuestros sabios. Rambán consideró que Abram debió permanecer en la tierra prometida y confiar en la provisión de HaShem. Esta reflexión nos invita a examinar nuestras propias decisiones cuando las circunstancias contradicen nuestras expectativas.

Egipto puede servirnos como una imagen de nuestras estrecheces interiores: los temores, las inseguridades y las limitaciones que nos impiden avanzar. La pregunta no es solamente si Abraham acertó o se equivocó, sino cómo reaccionamos nosotros cuando nuestra fidelidad es puesta a prueba.

La vida de Abram fue un camino de pruebas y transformación: Después de regresar a Canaán, se separó de Lot para evitar conflictos entre sus pastores. Más adelante, cuando Lot fue capturado durante una guerra entre reyes, Abram reunió a sus hombres y salió a rescatarlo (Génesis 13–14). No se limitó a buscar su propio bienestar; también actuó para ayudar a su familia.

HaShem estableció un pacto con Abram y le prometió descendencia. Sin embargo, el tiempo pasaba y él y Saraí seguían sin tener hijos. La decisión de recurrir a Hagar trajo dificultades familiares, pero el HaShem confirmó que su promesa se cumpliría. Posteriormente, cambió los nombres de Abram por Abraham, «padre de multitudes», y de Sarai por Sara, y anunció el nacimiento de Isaac, el hijo mediante el cual continuaría su pacto (Génesis 15–17).

Finalmente, el HaShem ordenó la circuncisión como señal de ese pacto entre Él y Abraham y sus descendientes.

A lo largo de esta historia encontramos una enseñanza fundamental: Abraham no fue un hombre que vivió sin dificultades, sino alguien que tuvo que aprender a caminar confiando en las promesas de HaShem, incluso cuando todavía no veía su cumplimiento.

Los sabios del Talmud expresaron su humildad diciendo: «En comparación con mi padre, soy como el vinagre frente al vino». Reconocían que, a pesar de sus propios esfuerzos, todavía tenían mucho que aprender de quienes los precedieron. Esta actitud nos recuerda que conocer la Torá no significa necesariamente vivir conforme a ella.

Pablo nos exhorta a seguir las pisadas de la fidelidad de Abraham (Romanos 4:12). Por eso, no basta con admirar su historia: debemos examinar nuestra propia vida. ¿Qué necesitamos dejar atrás para obedecer a HaShem? ¿Qué temores nos están limitando? ¿Nuestra fidelidad permanece firme cuando las circunstancias se complican?

La Torá nos orienta para caminar con rectitud y discernir entre las decisiones que nos acercan al propósito de HaShem y aquellas que nos desvían de él.

Lej Lejá es también un llamado para nosotros: salir de aquello que nos limita, abandonar las excusas y avanzar hacia la persona que HaShem quiere formar en nosotros.

No se trata solamente de saber lo que hizo Abraham, sino de aprender de su caminar. La verdadera transformación comienza cuando dejamos de justificar nuestras debilidades y damos pasos concretos de obediencia.

Reflexión final: Si el HaShem nos llamara hoy a salir de nuestra zona de comodidad, de nuestros temores o de nuestras viejas costumbres, ¿estaríamos dispuestos a obedecer, aun sin conocer todo el camino?

Lej Lejá: no te conformes con conocer el camino; camina en fidelidad a HaShem y permite que Él transforme tu vida.

HAFTARÁ

En la Haftará, encontramos una conexión profunda con la vida de Abraham. En la parashá, HaShem lo llama a salir de su tierra y comenzar un camino desconocido; en la Haftará, recuerda a Israel que ese llamado no fue un acontecimiento aislado, sino el comienzo de un propósito que continúa a través de las generaciones. HaShem llama a Israel «descendencia de Abraham, Mi amado» (Isaías 41:8). Esta expresión nos invita a comprender que la elección no es simplemente un privilegio, sino una responsabilidad. Abraham fue llamado para convertirse en bendición, e Israel recibió una misión que trasciende sus propias fronteras. Pero hay algo interesante, el profeta no se dirige a un pueblo que vive necesariamente en circunstancias favorables. Habla a un pueblo que conoce el temor, la incertidumbre y la sensación de abandono. Por eso, HaShem declara: «No temas, porque Yo estoy contigo» (Isaías 41:10).

La presencia de HaShem no significa que nunca atravesaremos dificultades; significa que las dificultades no tienen la última palabra sobre el propósito que Él ha establecido. En el versículo 15, Israel es comparado con un trillo nuevo, capaz de trillar montañas. Es una imagen poderosa, aquello que parece imposible de superar puede convertirse en una oportunidad para manifestar la fidelidad y el poder de HaShem. No se trata de imponerse sobre otros mediante la violencia, sino de perseverar en la misión recibida.

La fe bíblica no nos invita a la pasividad, sino a vivir de manera que la justicia, la misericordia y la fidelidad de HaShem sean visibles en nuestras acciones. La pregunta, entonces, no es solamente si creemos que HaShem está con nosotros, sino si estamos cumpliendo el propósito para el cual hemos sido llamados. Porque ser escogidos no significa tener un lugar de honor para nosotros mismos, sino asumir la responsabilidad de convertirnos en una bendición para los demás. ¿Estamos viviendo de tal manera que quienes nos rodean puedan reconocer algo del carácter de HaShem en nosotros?

BRIT HADASHÁ

Rab Shaúl (Pablo) nos lleva a comprender una verdad fundamental, ningún ser humano puede presentarse delante de HaShem presumiendo de sus propios méritos. Todos necesitamos Su misericordia y Su justicia. Desde la perspectiva hebrea, esto no significa que la Torá haya perdido su valor, ni que la obediencia sea innecesaria. La Torá nos muestra lo que es el pecado y nos ayuda a reconocer nuestra necesidad de volvernos a HaShem. El problema no está en la Torá, sino en nuestra incapacidad para alcanzar la justicia por nuestras propias fuerzas. Rab Shaúl utiliza el ejemplo de Abraham, quien «creyó a HaShem, y le fue contado por justicia» (Génesis 15:6; Romanos 4:3). Abraham confió en la promesa antes de recibir la señal del pacto de la circuncisión. Esto demuestra que su aceptación delante del HaShem no fue una recompensa por sus obras, sino el resultado de creerle. Sin embargo, la fe de Abraham no fue una simple declaración de palabras. Su confianza se manifestó en su disposición a obedecer, salir de su tierra y caminar hacia lo desconocido. La obediencia no compró la promesa; fue una respuesta a su confianza en quien se la había dado.

Desde la perspectiva mesiánica, Shaúl nos enseña que somos reconciliados con el HaShem por medio de Yeshúa el Mesías. Romanos 5:1 declara que, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz con Elohim. Y en el versículo 5:6 nos recuerda que el Mesías murió por nosotros cuando todavía éramos débiles.

Esto derriba nuestro orgullo, porque nadie puede presumir de ser justo por sí mismo; pero también nos devuelve la esperanza, porque nuestra debilidad no impide que HaShem nos llame a una vida nueva.

Lej Lejá significa salir y ponerse en camino. Abraham salió de su tierra confiando en la palabra de HaShem. Nosotros también debemos examinar si nuestra fe nos está llevando a abandonar aquello que nos aleja de Él.

La pregunta es: ¿estamos confiando verdaderamente en el HaShem, o solamente decimos que tenemos fe mientras seguimos viviendo de la misma manera?

La fe que nos acerca a HaShem no es una excusa para desobedecer, sino el comienzo de una vida transformada por Su gracia, sostenida por Yeshúa y expresada en una obediencia sincera.

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Bendiciones para Janucá

  • Todas las noches

    Lehadlik Ner

    בָּרוּךְ אַתָּה ה' אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, אֲשֶׁר קִדְּשָׁנוּ בִּמְצִוֹתָיו וְצִוָּנוּ לַהֲדְלִיק נֵר שֶׁל חֲנֻכָּה

    Baruj Atá Adonai, Eloheinu Mélej HaOlam, asher kid'shanu b'mitzvotav v'tzivanu lehadlik ner shel Janucá.


    Bendito eres Tú, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que nos santificaste con Tus mandamientos y nos ordenaste encender las luces de Janucá.
  • Todas las noches

    Al Hanisim

    בָּרוּךְ אַתָּה ה' אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, שֶׁעָשָׂה נִסִּים לַאֲבוֹתֵינוּ בַּיָּמִים הָהֵם בַּזְּמַן הַזֶּה

    Baruj Atá Adonai, Eloheinu Mélej HaOlam, sheasá nisim la’avotenu bayamim hahem bazman hazé.


    Bendito eres Tú, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que hiciste milagros a nuestros antepasados en esos días y en este tiempo.
  • Solo la 1ª Noche

    Shehejeianu

    בָּרוּךְ אַתָּה ה' אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, שֶׁהֶחֱיָנוּ וְקִיְּמָנוּ וְהִגִּיעָנוּ לַזְּמַן הַזֶּה

    Baruj Atá Adonai, Eloheinu Mélej HaOlam, shehejeianu, vekiimanu, vehiguianu lazman hazé.

    Bendito eres Tú, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que nos has dado vida, nos has sostenido y nos has permitido llegar a este momento.

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בָּרוּךְ אַתָּה יְהֹוָה אֱלֹהֵֽינוּ מֶֽלֶךְ הָעוֹלָם אֲשֶׁר קִדְּ֒שָֽׁנוּ בְּמִצְוֹתָיו וְצִוָּֽנוּ עַל סְפִירַת הָעֹֽמֶר
Baruj Atá Adonai, Elohenu Melej haOlam, asher kidshanú, bemitzvotav vetzivanu al Sefirat haOmer.
Bendito eres Tú, D~os nuestro, Soberano del universo, que nos ha santificado con su mandamientos y nos ordenaste el conteo del Omer.
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