ORDENANDO NUESTRAS VIDAS
La parashá contiene 74 mitzvot (preceptos), más que cualquier otra sección de la Torá. Estas leyes abarcan aspectos sociales, éticos y civiles, y nos enseñan cómo actuar con justicia, respeto, responsabilidad y compasión en nuestra vida cotidiana. Incluyen temas tan diversos como el trato a los cautivos, los derechos de los animales, el respeto por la propiedad ajena y las normas de modestia y pureza. HaShem nos muestra que la bondad no se limita al rezo o a la espiritualidad interior, sino que se expresa de manera concreta en cómo tratamos a los demás, a los animales y hasta a nuestras pertenencias, incluso en los detalles más pequeños.
Ki Tetze no es solo una recopilación de mandamientos, sino una narrativa codificada sobre el dominio propio, la justicia, la compasión y la transformación del deseo en santidad. A través del lenguaje hebreo, HaShem revela una profundidad ética, legal y espiritual que trasciende la traducción. La raíz de las palabras, los tiempos verbales, el orden sintáctico y la semántica juegan un papel clave en la formación de la halajá (ley judía) y de una ética basada en lo divino.
Entre las mitzvot destacadas están: La mujer cautiva en guerra (Devarim 21:10–14); El hijo rebelde (21:18–21); El mandato de devolver objetos perdidos (22:1–3); La prohibición de usar ropa del sexo opuesto (22:5); La mitzvá de ahuyentar a la madre pájaro antes de tomar sus crías (22:6–7). También nos recuerda que HaShem tiene una regla para cada aspecto de nuestras vidas. Desde normas sobre relaciones personales, guerra, herencias y límites territoriales, hasta reglas sanitarias y de convivencia. Este sistema no es arbitrario, responde al orden intrínseco con el cual HaShem creó el universo, incluso en sus partículas más pequeñas. Vivir según este orden es elegir la vida bajo la gobernabilidad de HaShem, en lugar del caos de un mundo que ha apartado su camino. Aplicar los 613 mandamientos, tanto los positivos como los negativos, es una tarea de toda la vida.
La Torá estructura nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y acciones. Es un estilo de vida que nos conduce de la mano de HaShem hacia las bendiciones, y no hacia las consecuencias que acarrea el apartarse de Su voluntad (como se advierte en Devarim 28:15 en adelante). La Torá va más allá de la lógica humana. Algunos estatutos (jukim), como la vaca roja (pará adumá), no son comprensibles desde una perspectiva racional, pero responden a una lógica divina superior. Obedecer estos mandamientos es confiar en la sabiduría infinita de HaShem, y es el camino para ordenar nuestra vida conforme a Su voluntad.
HAFTARÁ
Esta haftará forma parte de las Haftarot de consuelo que se leen después de Tishá beAv. La Haftará de Ki Tetze es un canto de esperanza para quienes han sido heridos, abandonados o quebrados. Desde el dolor del exilio, el alma y el pueblo son llamados a creer que el amor de HaShem no ha desaparecido, solo ha estado oculto. Su regreso es seguro, completo y eterno. Isaías 54, un canto profético de esperanza y restauración se dirige al pueblo tras el exilio y la destrucción. Utiliza la imagen de la “mujer estéril” y “abandonada” para hablar de Jerusalén e Israel, consolando al pueblo después de la enseñanza sobre la conducta hacia los demás en la parashá. Esta haftará nos invita a no dejarnos afligir por el dolor presente. Aunque no veamos la luz, el amor de HaShem supera el exilio, el pecado y la tristeza. HaShem se dirige a Israel como a una madre triste o esposa abandonada, asegurándole: “No estás sola, no te he olvidado.” Aunque parezca ausente, siempre ha amado y volverá a consolar para siempre. Israel es como una mujer sin hijos, a quien HaShem anima a cantar y alegrarse porque tiene planes grandes para bendecirla más que nunca. Pronto tendrá alegría y un pueblo fuerte y lleno de vida. HaShem promete: “Te dejé por un momento, pero con amor eterno te recojo.” Como un padre que se enoja un instante, pero luego abraza a su hijo con cariño eterno, su enojo es breve, pero su amor perdura. HaShem nunca rompe su promesa: “Así como juré en los días de Noaj no volver a inundar la tierra, así juro no abandonarte.” El arcoíris es señal de que cumple sus promesas y nunca dejará de amar a Israel, ni en los momentos difíciles. Es un llamado a la fe activa, que nos recuerda que, aunque parezca que HaShem está lejos, su compromiso permanece. Israel no está solo. La historia no ha terminado. La redención no es una posibilidad, es una promesa.
Enseñanzas para la vida: HaShem te ama incluso cuando te equivocas. A veces nos alejamos, pero Él nunca olvida. La tristeza es temporal, y la alegría y el consuelo siempre llegan. La esperanza prevalece. HaShem puede convertir lo estéril en vida. No rompe su palabra. Si prometió estar con nosotros, así será siempre. Recuerda, HaShem nunca se olvida de ti, incluso cuando crees estar solo.
BRIT HADASHÁ
Los fariseos preguntan a Yeshúa si es lícito que un hombre se divorcie de su esposa por cualquier causa. Yeshúa responde citando Génesis, recordando que el matrimonio es unión establecida por Dios. Luego menciona que Moisés permitió el divorcio por la dureza de corazón del pueblo, pero que desde el principio no fue así. Añade que quien se divorcia de su esposa, salvo por inmoralidad sexual, y se casa con otra, comete adulterio. Los discípulos reaccionan con asombro, diciendo que, si esa es la condición del matrimonio, no conviene casarse. Yeshúa responde hablando de los eunucos, indicando que no todos pueden aceptar esa enseñanza. La pregunta de los fariseos refleja un debate real dentro del judaísmo del siglo I, entre dos escuelas rabínicas: La escuela de Shamai: Que enseñaba que solo era lícito el divorcio por razones graves como inmoralidad sexual (adulterio). La escuela de Hillel: permitía el divorcio por casi cualquier causa, incluso si la esposa “quema la comida”. Mateo 19:3: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? hace referencia directa a este debate halájico. Yeshúa se alinea más con escuela de Shamai, pero lo hace desde una posición más radical: apelando no solo a la ley (Devarim 24:1), sino al designio original de la creación (Génesis 2:24). En vez de debatir sobre cuándo es permitido divorciarse, devuelve el foco a la santidad del matrimonio como unión divina.
Desde el principio no fue así: Yeshúa no niega que Moisés permitiera el divorcio; más bien, explica por qué fue permitido: por la “dureza de corazón”. Esta expresión puede entenderse como insensibilidad espiritual o resistencia a la voluntad de Dios.
Resumen: Yeshúa no está anulando la Torá, sino interpretándola dentro del marco legal y espiritual del judaísmo. Se opone al uso superficial del divorcio y regresa a la intención divina original. Su postura se alinea con una halajá más estricta, similar a la escuela de Shamai, pero también impregnada de una visión ética superior y restauradora. El enfoque no es legalista, sino transformacional: llama a vivir según el ideal divino del matrimonio. La enseñanza sobre los eunucos enfatiza que la vocación al celibato no es para todos, sino para algunos llamados específicos, dentro de un marco de elección y entrega al Reino.