KI TAVÓ
Bikurim y diezmos: Moshe instruye al pueblo de Israel: “Cuando entres a la tierra que HaShem te está entregando como herencia…”. Israel está a punto de entrar en una nueva etapa: tendrá tierra, cosechas, casas y estabilidad. Pero precisamente allí aparece una gran prueba: ¿qué hará el pueblo cuando finalmente reciba aquello que tanto esperaba? Por eso, una de las primeras instrucciones es llevar las bikurim, las primicias, al Templo y declarar gratitud por todo lo que HaShem ha hecho. El israelita debía recordar su historia: “Mi padre fue un arameo errante…”, recordar Egipto, la liberación y el camino que lo llevó hasta la tierra prometida. Esto nos enseña algo muy profundo desde la perspectiva hebrea: la gratitud comienza con la memoria. Cuando solamente miramos lo que tenemos, podemos pensar: “Esto lo conseguí por mi esfuerzo”. Pero cuando recordamos de dónde venimos, reconocemos la mano del Eterno. Por eso no se trata solamente de agradecer por lo que recibimos, sino de recordar quién nos permitió recibirlo. También establece las leyes de los diezmos para los levitas y los pobres, mostrando que la bendición recibida no debe quedarse solamente en nuestras manos. Lo que el Eterno nos da también trae responsabilidad hacia los demás. Luego Moshe recuerda al pueblo que existe una relación de pacto. Israel pertenece al Eterno y ha escogido caminar con Él. Por eso la Torá no fue entregada simplemente para conocerla, sino para ponerla en práctica.
Bendiciones por la obediencia: Devarim 28 presenta las bendiciones que acompañarían a Israel si escuchaba la voz del Eterno y obedecía sus mandamientos. Aquí encontramos el concepto de “Shemá”: escuchar no significa solamente oír; significa escuchar de tal manera que lo escuchado transforme nuestra conducta.
Maldiciones por la desobediencia: Pero la parashá también contiene la Tojajá, (una fuerte reprimenda). Moshe advierte sobre las consecuencias de abandonar los caminos del Eterno: enfermedad, hambre, pobreza, derrota y exilio. Y aquí encontramos una de las enseñanzas más fuertes de Ki Tavó. Devarim 28:47 dice: “Por cuanto no serviste al Eterno tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas”. Es sorprendente, el peligro no está solamente en la escasez, también la abundancia puede convertirse en una prueba espiritual. Cuando tenemos poco, buscamos al Eterno. Pero cuando tenemos mucho, podemos comenzar a pensar que ya no lo necesitamos.
El problema nunca fue tener bienes, prosperidad o estabilidad. El verdadero peligro aparece cuando aquello que recibimos ocupa el lugar de Aquel que nos lo dio.
Por eso Ki Tavó nos enseña que la bendición no solamente se disfruta; también se administra con responsabilidad, obediencia y gratitud. Y esto adquiere un significado especial durante Elul, un tiempo para examinarnos delante del Eterno. Normalmente revisamos nuestros errores, pero esta parashá nos invita también a revisar nuestras bendiciones: ¿Qué tengo hoy que alguna vez le pedí al Eterno con lágrimas? ¿Qué recibí y con el tiempo dejé de valorar? ¿La bendición me acercó al Eterno o me hizo olvidarlo? ¿Todavía reconozco Su mano en aquello que tengo?
Moshe termina diciendo algo extraordinario: Después de cuarenta años, Israel finalmente había alcanzado “un corazón para saber, ojos para ver y oídos para escuchar”. Es decir, no basta con ver las bendiciones, oír la Torah o conocer los mandamientos. Necesitamos un corazón capaz de comprender y vivir lo que el Eterno nos está enseñando. En esta parashá encontramos 6 mitzvot.
Podríamos resumir Ki Tavó en una sola frase: “El peligro no siempre está en perder la bendición; a veces está en recibirla y olvidar al que la dio.” Y quizás esta sea la pregunta que Elul nos deja: ¿Estoy viviendo agradecido por lo que el Eterno me ha dado, o ya considero normal aquello por lo que un día le di gracias?
HAFTARÁ
La haftará presenta un mensaje de restauración, esperanza y luz para Tzión y Jerusalén después de un tiempo de oscuridad y aflicción. El Eterno llama a Jerusalén a levantarse y resplandecer, porque Su luz y Su gloria han venido sobre ella. Aunque las tinieblas cubran la tierra, la luz del Eterno brillará sobre Su pueblo. Isaías anuncia el regreso de los hijos de Israel que estaban dispersos, la llegada de las naciones hacia Jerusalén y la restauración de su honor, seguridad y prosperidad. Las puertas estarán abiertas y Jerusalén dejará atrás su condición de abandono. La profecía termina señalando que la verdadera gloria de Jerusalén no estará solamente en sus riquezas o en su restauración material, sino en que el Eterno será su luz perpetua y su gloria. El capítulo concluye con una promesa de confianza: “Yo, el Eterno, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.” Isaías 60:22
BRIT HADASHÁ
La parábola del sembrador: Yeshúa utiliza una imagen muy conocida para Israel: una semilla que cae en diferentes tipos de tierra. La semilla es la misma; lo que cambia es la condición de la tierra. Por eso, el mensaje central está en cómo recibimos la Palabra de HaShem. “oír” implica más que escuchar. El Shemá significa escuchar con la intención de responder y obedecer. Por eso, una persona puede escuchar la Palabra y no permitir que transforme su vida.
El camino representa al que escucha, pero no comprende; el terreno pedregoso, al que recibe con entusiasmo, pero no tiene raíces profundas y abandona cuando llegan las dificultades; los espinos representan las preocupaciones, riquezas y deseos que terminan ahogando la Palabra. La buena tierra representa a quien escucha, entiende, guarda la Palabra y produce fruto. El fruto demuestra que la semilla realmente echó raíces. La enseñanza de Yeshúa es sencilla pero profunda: el problema nunca está en la semilla, sino en la tierra que la recibe. La pregunta no es solamente cuánto conocemos de la Escritura, sino:
¿Qué está produciendo la Palabra de HaShem en mi vida? Porque escuchar la Palabra es importante, pero recibirla, vivirla y dar fruto es lo que demuestra que verdaderamente la hemos escuchado.