CONTAR LA HISTORIA
- “Ve” a la presencia del faraón, para que libere a mi pueblo de la esclavitud: La Parashá Bo relata el momento culminante y decisivo de la liberación de Israel de Egipto y establece el modelo eterno de la redención. No se trata solo de una salida histórica, sino del establecimiento del patrón eterno de redención que HaShem usará a lo largo de toda la Escritura.
- Las últimas tres plagas: Muestran que el conflicto entre HaShem y Paró (faraón) no es político, sino espiritual. Cada plaga confronta la idolatría de Egipto y la falsa autoridad del sistema opresor. La plaga de la oscuridad es especialmente significativa, ya que no se trata de una ausencia natural de luz, sino de una oscuridad palpable. Mientras Egipto queda sumido en tinieblas, Israel tiene luz en sus moradas. Esto revela un principio espiritual: la verdadera luz no depende de circunstancias externas, sino de la presencia de HaShem. En la Brit Hadashá, esta verdad se manifiesta plenamente en Yeshúa, quien es revelado como la Luz del mundo. Donde Él habita, hay revelación, dirección y vida.
- La institución de Pesaj: El clímax de la parashá llega con la plaga de los primogénitos y la institución de Pesaj. HaShem ordena a cada familia de Israel tomar un cordero sin defecto, sacrificarlo y poner su sangre en los dinteles de las puertas. Esta acción no era simbólica en el sentido moderno, sino profundamente práctica. La vida de cada primogénito dependía de la obediencia a esta instrucción, no bastaba con pertenecer al pueblo de Israel, era necesario aplicar la sangre. Desde la óptica hebrea mesiánica, este acto apunta claramente a Yeshúa, el Cordero de HaShem, sin mancha, cuya sangre trae redención y protección del juicio. Pesaj no es solo un evento del pasado, sino una experiencia que debe ser recordada y vivida generación tras generación.
- Israel como nación: La salida de Egipto marca el nacimiento de Israel como nación. No salen como una multitud desordenada, sino como un pueblo con identidad y propósito. La Torá dice que salieron como ejércitos, lo cual muestra orden, dirección y misión. Esta salida prefigura el nuevo nacimiento espiritual, ser liberados no solo del castigo del pecado, sino del dominio del pecado, para vivir como parte del pueblo del pacto.
- Los primogénitos: HaShem también establece la consagración de los primogénitos, enseñando que lo primero y lo mejor le pertenece a Él. Este principio se cumple de manera perfecta en Yeshúa, quien es llamado el Primogénito de toda creación y el Primogénito de entre los muertos. En Él se concentra la herencia, la vida y el futuro del pueblo redimido. Así como los primogénitos de Israel fueron preservados por la sangre, la vida eterna del creyente está asegurada en el Mesías.
- Reflexión: La Parashá Bo nos enseña que la liberación de Egipto y la redención espiritual en la vida del creyente, no son solo conceptos abstractos, sino realidades vivas que deben ser aplicadas cada día. Como los israelitas, el creyente es llamado a vivir en libertad, pero esto requiere una obediencia constante y un entendimiento profundo de que la liberación es tanto un evento decisivo como un proceso continuo. Al igual que los israelitas marcaron sus puertas con la sangre del cordero, el creyente debe “marcar” su vida con las enseñanzas y el sacrificio de Yeshúa, permitiendo que esa redención transforme todos los aspectos de su vida. Solo así, el creyente puede caminar en la verdadera libertad que se encuentra en la fe y la obediencia a HaShem.
HAFTARÁ
El juicio de HaShem sobre Egipto: El profeta describe cómo una gran potencia del norte vendrá contra la tierra, trayendo derrota, confusión y vergüenza. Egipto, que se consideraba fuerte, sabio e invencible, es mostrado como frágil delante del HaShem de Israel. Sus guerreros tropiezan, sus aliados no pueden ayudarlo y sus dioses no tienen poder para salvarlo. El mensaje central es que ninguna nación, por poderosa que parezca, puede sostenerse cuando HaShem decide juzgarla. HaShem declara que castigará no solo al faraón, sino también a los dioses de Egipto. Esto es muy importante, porque muestra que el juicio no es solo político o militar, sino espiritual. Egipto representa un sistema de orgullo, autosuficiencia e idolatría que se opone a la autoridad de HaShem.
De la misma manera que en la Parashá Bo HaShem juzgó a Egipto con las plagas, aquí reafirma que ese sistema no tiene poder real ni futuro duradero. HaShem afirma que salvará a Su pueblo desde lejos y que los hará volver. Aunque Israel haya sido llevado al exilio, no ha sido abandonado. Estas palabras transmiten esperanza, el castigo no es el final, y la dispersión no significa rechazo. HaShem sigue siendo fiel a Su pacto, incluso cuando su pueblo falla. El pasaje concluye con una afirmación muy fuerte y consoladora, HaShem promete estar con Israel. Mientras que otras naciones pueden ser destruidas por completo, Israel no será aniquilado. Será disciplinado con justicia, pero nunca abandonado. Esto revela el corazón de HaShem como juez justo y, al mismo tiempo, como Padre fiel. Este pasaje nos invita a confiar en HaShem, a no poner nuestra seguridad en sistemas humanos y a recordar que, aunque Él corrige, nunca abandona a los que le pertenecen.
BRIT HADASHÁ
Yeshúa y sus talmidin preparan Pésaj: Cuando llega el día de la Pésaj (Pascua), Yeshúa muestra que todo sucede conforme al plan de HaShem. Él sabe dónde y cómo se preparará el Seder (la cena), lo que revela que no es un evento improvisado, sino un momento con profundo significado. El Mesías no solo participa de la Pascua, sino que le da un sentido nuevo y definitivo. Al sentarse a la mesa con sus discípulos, Yeshúa expresa su gran deseo de compartir esa comida con ellos antes de su sufrimiento. Esto muestra que Él es consciente de que su muerte está cerca y que forma parte de su misión mesiánica.
No es una derrota inesperada, sino un acto voluntario para cumplir la voluntad de HaShem y traer salvación. Cuando Yeshúa toma el pan, da gracias, lo parte y lo entrega diciendo que ese pan es su cuerpo entregado por ellos. Yeshúa se presenta como el sacrificio verdadero. Así como el pan se parte, su cuerpo será entregado en el madero. Ya no se trata solo de recordar la salida de Egipto, sino de una liberación más profunda, la liberación del pecado y de la separación entre HaShem y las personas. La Pascua deja de ser solo un recuerdo del pasado y se convierte en un anuncio del sacrificio del Mesías. Yeshúa muestra que Él es el cumplimiento de las promesas de HaShem, el Salvador esperado, y que su muerte traerá una salvación definitiva. Finalmente, cuando Yeshúa dice que hagan esto en memoria de Él, invita a sus seguidores a recordar no solo su muerte, sino el significado de su entrega. Recordarlo es reconocerlo como el Mesías que dio su vida por amor, que estableció un nuevo pacto y que ofrece esperanza, perdón y una relación restaurada con HaShem.