BALAK
La parashá Balak es una de las porciones más profundas de la Torá porque muestra una batalla que no ocurre principalmente con espadas, sino en el mundo espiritual. La parashá enseña que detrás de los acontecimientos visibles existe una realidad invisible donde las decisiones humanas, la fidelidad al Eterno y la autoridad de Sus palabras determinan el resultado de la historia.
Balak manda a buscar a Bilam (Balaam): Balak, rey de Moab, no teme únicamente al poder militar de Israel. Él comprende que Israel posee algo diferente: una relación de pacto con el Dios de Avraham, Yitzjak y Yaákov. Mientras otros pueblos dependían de sus ejércitos o de sus dioses locales, Israel dependía del Eterno. Balak entiende que no podrá derrotarlos solamente con armas, por eso busca un arma espiritual: la maldición.
Aquí aparece Bilam, un hombre reconocido por tener una gran capacidad espiritual. La tradición hebrea no lo presenta como un simple adivino cualquiera, sino como alguien que poseía un conocimiento extraordinario del mundo espiritual. Sin embargo, ese conocimiento no estaba acompañado de un corazón sometido al Eterno. Este es uno de los primeros principios de la parashá: tener dones espirituales no significa tener un carácter santo. Una persona puede conocer muchas cosas acerca del mundo espiritual y, aun así, estar gobernada por el orgullo, la ambición y el deseo de riqueza.
Cuando los emisarios llegan con la propuesta, Bilam consulta al Eterno. Esto sorprende a muchos lectores, porque demuestra que el Eterno puede hablar incluso con personas que no forman parte del pueblo de Israel. Sin embargo, escuchar la voz de Dios no es lo mismo que caminar con Dios. Bilam oye, pero su corazón ya está inclinado hacia la recompensa económica y el prestigio. El relato muestra algo muy humano. HaShem le dice claramente que no vaya porque Israel está bendecido. Sin embargo, Bilam vuelve a preguntar cuando llegan enviados más importantes y con mayores riquezas. En la mentalidad hebrea esto revela un principio constante: muchas veces el ser humano insiste en preguntar hasta obtener el permiso que desea escuchar. El problema no es que HaShem cambie de opinión, sino que permite que la persona siga el camino que realmente ha elegido en su corazón.
Los sabios enseñan que “por el camino que el hombre desea andar, por allí es conducido”. El Eterno respeta la libertad humana incluso cuando esa decisión traerá consecuencias.
Bilam y la asna: En el camino aparece uno de los episodios más conocidos, la asna que ve al ángel mientras Bilam permanece ciego. El contraste es intencional. El hombre considerado el gran vidente resulta incapaz de ver lo que un animal percibe. No es que se este por ridiculizar a Bilam, sino para enseñar que la verdadera visión espiritual no depende del conocimiento, sino de la humildad. El orgullo puede volver ciego incluso al más sabio.
La asna representa la sencillez: No tiene poder, prestigio ni fama, pero reconoce el peligro. Bilam posee fama mundial como profeta, pero su deseo de obtener ganancias le impide ver la realidad. El mensaje es claro, cuando el ego domina el corazón, incluso los dones espirituales dejan de servir.
Bilam y Balak: Finalmente Bilam llega ante Balak. El rey espera escuchar maldiciones, pero cada vez que Bilam abre su boca ocurre algo inesperado, el Eterno transforma las palabras de maldición en bendición. Aquí aparece uno de los principios más importantes de toda la Torá. El hombre puede tener intención de hacer daño, pero la última palabra pertenece siempre al Eterno. Balak prepara diferentes altares, cambia de lugar varias veces, modifica la estrategia pensando que quizá desde otro sitio la maldición funcionará. Es la mentalidad pagana: creer que cambiando el ritual podrá manipular a la divinidad. La Torá responde mostrando exactamente lo contrario. HaShem no puede ser manipulado por sacrificios, fórmulas, magia o ceremonias. Él actúa conforme a Su voluntad y conforme a Su pacto.
“Dios no es hombre para mentir ni hijo de hombre para arrepentirse.”: Una de las declaraciones más conocidas de Bilam resume esta verdad, esto significa que el Eterno no cambia porque las circunstancias cambien. Él permanece fiel a Su palabra.
“No ha visto iniquidad en Jacob ni perversidad en Israel.”: También aparece una frase que ha sido muy estudiada. Esto no significa que Israel fuera perfecto. En capítulos posteriores el pueblo cometerá pecados muy graves. Lo que significa es que, mientras permanece dentro del pacto y vive bajo el arrepentimiento, HaShem mira primero Su alianza antes que las acusaciones del enemigo.
“¡Cuán hermosas son tus tiendas, Jacob, tus moradas, Israel!”: En medio de las bendiciones surge una de las expresiones más hermosas de toda la Escritura. Los sabios observan que Bilam pronuncia estas palabras al contemplar que las entradas de las tiendas de Israel no estaban enfrentadas unas con otras. Esto reflejaba respeto por la privacidad y por la dignidad de cada familia. Lo que impresiona a Bilam no es solamente la organización del campamento, sino la santidad cotidiana del pueblo. La presencia de HaShem no se manifiesta únicamente en el Tabernáculo; también se expresa en la forma en que las familias viven, se respetan y construyen su hogar. Más adelante Bilam pronuncia profecías que trascienden su tiempo.
Fornicación de Israel en Moab: Al no poder maldecirlos directamente, propone otra estrategia. Si no puede destruirlos desde afuera, buscará corromperlos desde adentro. Las mujeres de Moab seducen a muchos israelitas, quienes terminan participando en la idolatría de Baal Peor.
HAFTARÁ
El profeta recuerda al pueblo que el Eterno nunca dejó de cuidarlo, aun cuando sus enemigos intentaron destruirlo.
Miqueas menciona directamente el episodio de Balak y Bilam para que Israel recuerde que hubo un momento en el que un rey quiso maldecirlo, pero HaShem convirtió esas maldiciones en bendiciones. El mensaje es claro, la protección de Israel no dependió de su fuerza, sino de la fidelidad del Eterno a Su pacto.
Luego el profeta hace una pregunta muy importante: ¿Qué espera Dios de Su pueblo? ¿Miles de sacrificios? ¿Grandes ofrendas? La respuesta rompe con la idea de que Dios puede ser complacido solo mediante rituales.
El pasaje culmina con una de las enseñanzas más conocidas de toda la Escritura: “Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno; y qué pide el Eterno de ti: solamente hacer justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con tu Dios.” Estos tres principios resumen la vida del pacto.
- Hacer justicia: significa vivir con rectitud y tratar al prójimo con honestidad.
- Amar la misericordia: significa practicar la bondad, el perdón y la compasión, no solo cumplir una obligación.
- Caminar humildemente con Dios: significa reconocer que dependemos del Eterno cada día, dejando de lado el orgullo y la autosuficiencia. La parashá y la Haftará enseñan que la verdadera vida espiritual no consiste en palabras, rituales o apariencias, sino en permanecer fieles al pacto. Cuando una persona camina humildemente con el Eterno, ninguna maldición tiene más poder que la bendición que HaShem ha pronunciado sobre ella.
BRIT HADASHÁ
El pasaje retoma la historia de Bilam para enseñar una verdad espiritual que sigue siendo vigente. Al escribir a la congregación de Pérgamo, el Mesías reconoce que sus discípulos viven en un ambiente difícil, pero les advierte que algunos han aceptado “la doctrina de Balaam”. Balaam comprendió que no podía destruir al pueblo de Dios mediante maldiciones, porque el Eterno había puesto Su bendición sobre Israel. Entonces recurrió a una estrategia más peligrosa: inducir al pueblo a comprometerse con la idolatría y la inmoralidad. El enemigo no pudo vencerlos desde afuera; buscó debilitarlos desde adentro. Apocalipsis utiliza ese mismo ejemplo para advertir a los creyentes que el mayor peligro no siempre es la persecución, sino el compromiso con los valores del mundo. Cuando el pueblo de Dios comienza a mezclar la verdad con el error, o la santidad con la idolatría, se aparta poco a poco del camino del pacto. El llamado del Mesías es al arrepentimiento y a la fidelidad.
No basta con conocer la verdad; es necesario vivirla con integridad. Al vencedor se le promete el “maná escondido”, símbolo del alimento espiritual que proviene de Dios, y una piedra blanca con un nombre nuevo, imagen de aceptación, identidad y una relación renovada con Él. La victoria no depende de la fuerza humana, sino de permanecer firmes en la verdad, rechazando todo aquello que nos aparte del pacto y caminando en obediencia al Eterno.