









Las leyes impuestas buscaban borrar la Torá y profanar lo sagrado. Y además se erigió en el altar sagrado una estatua de Zeus.





Matatías decidió no callar y llamó al pueblo a permanecer fiel. Sus cinco hijos se unieron a su revolución para permanecer en la fe.





Un joven tomó la responsabilidad de guiar al pueblo en tiempos difíciles. Después de la muerte de su padre Matatías.










Contra toda expectativa, la ciudad fue liberada por aquellos hombres, viendo la mano de Hashem.










Mientras haya fidelidad, la luz nunca se apagará. Como nuestro Mesías Yeshúa nos enseñó, no ocultaremos la Luz de esta salvación tan grande.





El imperio fue dividido en cuatro grandes reinos (Daniel 8:8). Israel —una tierra pequeña, pero estratégicamente ubicada— quedó atrapada entre gigantes. Primero bajo los ptolomeos de Egipto. Luego, tras guerras sangrientas, pasó a manos del imperio seléucida. Al principio, la dominación era política. Pero pronto se volvió algo más peligroso: una guerra contra la identidad.
Antíoco IV Epífanes no se veía a sí mismo solo como rey. Se proclamó Epífanes, “manifestación de dios”. Exigía lealtad absoluta, no solo en impuestos, sino en adoración. Lo que siguió fue una pesadilla:
“El rey promulgó decretos para que todos los pueblos se hicieran un solo pueblo y abandonaran sus leyes”
1 Macabeos 1:41
“Erigieron sobre el altar un objeto abominable y sacrificaron allí lo que la Torá prohíbe”
1 Macabeos 1:54
“Ardió en celo, y mató al hombre sobre el altar… y gritó: ‘¡Todo el que tenga celo por la Torá, que me siga!’”
1 Macabeos 2:24 - 27
“No teman las palabras del pecador, porque su gloria se convertirá en estiércol”
1 Macabeos 2:62
“La victoria no depende del número del ejército, sino de la fuerza que viene del cielo”
1 Macabeos 3:19
“Cayeron muchos heridos, y los restantes huyeron”
1 Macabeos 4:14
“Vieron el santuario desolado, el altar profanado… y rasgaron sus vestidos”
1 Macabeos 4:38-39
“Con gozo y alabanzas… y establecieron que se celebrara cada año”
1 Macabeos 4:59
“La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron”
Juan 1:5
Yeshúa no lideró ejércitos. No tomó Jerusalén con armas. Pero enfrentó una opresión más profunda: el pecado, la muerte, la desesperanza. Como los macabeos, fue subestimado. Como ellos, parecía débil frente al imperio. Y como ellos, venció. Janucá nos recuerda que Hashem actúa cuando Su pueblo decide no rendirse. Y que la luz del Mesías sigue encendiéndose, incluso cuando el aceite parece no alcanzar.
Hoy, como entonces, no se nos pide ser mayoría. Se nos pide ser fieles. Porque cuando el pueblo camina en la luz de Hashem, un pequeño resplandor puede cambiar la historia.
בָּרוּךְ אַתָּה ה' אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, אֲשֶׁר קִדְּשָׁנוּ בִּמְצִוֹתָיו וְצִוָּנוּ לַהֲדְלִיק נֵר שֶׁל חֲנֻכָּהBaruj Atá Adonai, Eloheinu Mélej HaOlam, asher kid'shanu b'mitzvotav v'tzivanu lehadlik ner shel Janucá.
בָּרוּךְ אַתָּה ה' אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, שֶׁעָשָׂה נִסִּים לַאֲבוֹתֵינוּ בַּיָּמִים הָהֵם בַּזְּמַן הַזֶּהBaruj Atá Adonai, Eloheinu Mélej HaOlam, sheasá nisim la’avotenu bayamim hahem bazman hazé.
בָּרוּךְ אַתָּה ה' אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, שֶׁהֶחֱיָנוּ וְקִיְּמָנוּ וְהִגִּיעָנוּ לַזְּמַן הַזֶּהBaruj Atá Adonai, Eloheinu Mélej HaOlam, shehejeianu, vekiimanu, vehiguianu lazman hazé. Bendito eres Tú, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que nos has dado vida, nos has sostenido y nos has permitido llegar a este momento.